11 marzo 2013

Cónclave en Piscis

Estamos casi a mediados del mes de Marzo y hoy se cierra y comienza un ciclo lunar nuevo bajo la Luna Nueva en el signo de Piscis.

Piscis es el último signo del zodíaco y entre sus tantos simbolismos refleja la religión y particularmente la Católica que posee como símbolo al pez. El signo de Piscis tiene un claro simbolismo representado por dos peces unidos por sus bocas pero apuntando en direcciones opuestas. Por otro lado, el símbolo presenta a estos peces en medios diferentes, uno sobre el agua y el otro debajo de ella, lo que hace alude en cierta forma a las corrientes de la conciencia, de lo que es visible e invisible, lo que navega sobre la superficie y aquello que está por debajo en las aguas del inconsciente. Quizás por eso este signo es considerado por muchos muy complejo de interpretar, porque de todos los signos del zodíaco es uno de los más simbólicos y ajenos al mundo material. La mente funciona por medio de símbolos, es el lenguaje del inconsciente, así como los patrones que siempre tiende a buscar.

Esta Luna Nueva es importante porque no sólo marca el inicio de un nuevo ciclo sino que, además, lleva consigo la presencia de seis planetas (aparte de la Luna) en el signo de Piscis. Cuando hay una gran agrupación de planetas en un mismo signo es señal de que una etapa, un ciclo, ha culminado para las energías allí manifestadas y una etapa de transformación comienza bajo la influencia de los rayos del signo en que la agrupación sucede. Este tipo de conjunción planetaria es conocida en astrología como Stellium. Son tiempos en que se ponen en marcha grandes cambios sociales y en el desarrollo de la humanidad.

En el año 1524, durante el mes de Febrero, sucedió una alineación de este tipo en le signo de Piscis. El Sol, Neptuno, Saturno, Júpiter, Marte estaban sobre el acuoso Piscis y varios astrólogos de la época pronosticaron una gran inundación que barrería el mundo. Pues el resultado no fue un nuevo diluvio sino otro tipo de inundación y consistió en la reforma de la iglesia Cristiana con la llegada de  Luther y la reforma protestante en los años que siguieron a la gran alineación pisciana. Evidentemente fue una gran revolución que descentralizó la cultura europea al desafiar la autoridad suprema de la Iglesia Católica.

En esta oportunidad tenemos un proceso muy especial sucediendo bajo esta Luna Nueva, el cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI.

Los cambios que se ponen en marcha a partir de estas grandes alineaciones, especialmente considerando que se trata del último signo del zodíaco Piscis y concuerda con la era que se está cerrando para dar inicio a la de Acuario, no suceden de un día para otro. sus manifestaciones pueden tardar meses o incluso años mientras los tránsitos planetarios, eclipses y otras configuraciones temporales van activando las posiciones de los planetas que forman parte de la gran alineación.

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En esta ocasión tenemos a Neptuno (como en 1524) al inicio del signo de Piscis junto a Mercurio retrógrado. El cónclave que comienza mañana elegirá al último de los Papas en la secuencia de Malaquías: Petrus Romanus (Pedro el romano).

Algunas profecías hablan de este supuesto tiempo del final de esta era, una de ellas corresponde al misterio de la prostituta de Babilonia del libro de las Revelaciones según San Juan.  En ella el santo describe a una prostituta que está sentada sobre una bestia que tiene siete cabezas como siete montañas, y que esta bestia tiene diez cuernos que son diez reyes sin reinos. Claramente esto describe a Roma como escenario porque es la ciudad de las siete colinas o montañas: Aventine, Caelian, Capitoline, Esquiline, Palatine, Quirinal, y Viminal que son las siete cabezas. Los prelados de las congregaciones de Roma son los diez reyes de la Bestia. Estos Cardenales son los Reyes que conforman el consejo que gobierna el Vaticano, que en el libro de las Revelaciones es descripto como “la gran ciudad que reina sobre los reyes de la Tierra”.

Volviendo a Malaquías en su profecía sobre los papas, dice que Petrus Romanus será el que termine con la Iglesia Católica y desatará el Apocalipsis de Babilonia.

La idea no es muy descabellada si consideramos que para este cambio de Era las estructuras anteriores deberán ser reformuladas y cambiadas, dejando muchas de ellas completamente de lado. Esta alineación en el signo de Piscis puede ser la que ponga en marcha el proceso y concuerde con la elección del nuevo Papa que traerá, sin dudas, profundas reformas a la Iglesia Católica como consecuencia de los Vatileaks que exponen los secretos de corrupción por poder, dinero y sexo entre los miembros más altos, lo que desembocó en la renuncia de Benedicto XVI.

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