29 enero 2013

Enero 2013

Hace mucho que no experimentaba esta sensación de paz, quietud y despreocupación. Ay! qué bien se siente…

Puedo intelectualizar sobre el momento en que me dejé llevar por la corriente de eventos, la ola de circunstancias que me arrastró este año que pasó y que, casi sin darme cuenta, dejé que así fuera en una especie de abandono semi-consciente.

Yo sé que soy otra cosa de lo que me he dejado convertir en este último tiempo de mi vida, y no lo digo para compensar el sinsabor, lo digo porque mi corazón me lo reclama y me dice ¿hey, recuerdas quién eres?

En 1984, cuando hacía apenas unos meses que había llegado a Bariloche, recuerdo un día que caminaba por el costado de la ruta de los Pioneros y cayendo el Sol me detuve a contemplar el paisaje y me sentí dichoso de estar donde estaba. Una voz interior me dijo, no olvides esto, no dejes que el paso de los años te aparte de este instante y te insensibilices a la juventud que hay en ti. Me dije a mi mismo entonces que no permitiría caer en la vorágine del diario vivir y desconectarme de ese sentir, pero parece que el último año he fallado a esa promesa y me dejé arrastrar, como decía, por la corriente de circunstancias sin darme cuenta.

Hoy, casi 29 años después, recuerdo en mi pecho ese sentimiento, ese momento. Desde principios de Enero de 2013 que decidí no trabajar este mes, salvo las clases de astrología que disfruto y una que otra cosa con personas que buscan mi asistencia, pero he ponderado el tiempo libre, mi tiempo para mí. Tiempo para reencontrarme, para deambular en mi mente y dejar que la vida se manifieste inocente una vez más en mi existencia.

He cumplido 50 años en octubre de 2012 y parece que fuera ayer que tuve ese sentir que comentaba, pero han pasado casi 30 años de mi vida y en algún recodo del camino han quedado muchas sensaciones y anhelos, sentires casi indescriptibles de la belleza que siempre he tratado de conservar de la vida, mi vida.

Este tiempo de dedicación a mi, sin reclamos ni sentimientos de obligación me ha dado un fuerte sentido de propósito que casi había olvidado, pero por sobre todo, un sentimiento de felicidad y aceptación de mi, del trayecto recorrido y de los logros interiores alcanzados.

En Congreso

Es difícil, si acaso vano, querer poner en palabras el sentir de hoy. Pero hay algo que es inconfundible, la memoria de ese tiempo, 29 años atrás, de sentirme pleno y uno con todo en la vida. Es como si una parte de mi mismo estuviera acudiendo a mi rescate, a no dejarme caer en las trampas de la obligación laboral, la obligación para con otros, la obligación de quedar bien y cumplir con lo que se supone debo ser y hacer;  a esa parte hoy le rindo tributo en agradecimiento porque ha venido a mi rescate.

Estoy convencido que debo, hoy más que nunca, a estos incipientes 50 años, conectarme más y más con el placer, con el gozo y la celebración de la vida. Nunca estuvo en mis planes convertirme en un astrólogo de reconocimiento o fama internacional. La prueba está en que he tratado de mantener mi nombre oculto en todas mis publicaciones y trabajos. Una voz sencilla siempre me ha mantenido a resguardo del bullicio social. Pero la realidad es que hay gente por diversos rincones del globo que dependen de mi en cierta manera y eso, por momentos, se ha convertido en un yunque pesado a sostener, una lucha entre mi deseo de ayuda y servicio genuino  a otros y el recordatorio de no olvidarme de mi en el camino.

Hay una persona, un ser muy especial a quien amo profundamente y es el regalo más hermoso que jamás la vida me haya dado, que ha venido a mi rescate en estos últimos años. Alguien que parece haber sido puesto en mi camino como guía a la memoria, a no olvidar lo esencial de vivir y disfrutar de lo sencillo, alguien que denodadamente ha combatido todo intento de mi parte por olvidar quien Soy. A él le estoy agradecido. Lo curioso es que está convencido de estar en una noche eterna sin salida y aún no reconoce la luz, la bella luz compasiva que emana en su caminar esta Tierra. Paradójico, ¿verdad?

Es mágica la manera en que la vida nos cruza con personas que parecen venir con el propósito de hacernos más felices, aunque en el momento parezca todo lo contrario para el corazón distraído. Este es el caso de este amigo, joven, radiante, desafiante, orgulloso y terco que he recibido de regalo. Creo que gracias a él y su presencia en mi vida, aunque él desconozca esto a consciencia, es que debo este sentimiento de reconexión y corriente de cambio que estoy experimentando. Vaya a él mi reconocimiento!

Este año 2013 me he propuesto honrar ese pensamiento y sentir de 29 años atrás. Quiero recuperarme a pleno, volver a pisar firme sobre el suelo que yace bajo mis pies y poder andar con una sonrisa auténtica sobre mi rostro. Deseo recorrer nuevas tierras y aventurarme a nuevas experiencias, en lugares diferentes a los conocidos, tanto por dentro como por fuera.

Este año deseo de corazón reanimar el propósito de mi vida, la paz en mi corazón, alegría de Ser, la plenitud de Existir. No cejaré impulso en esa dirección!

Gracias.

 

 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sencillés y humildad los pilares más importantes de la vida.

http://www.youtube.com/watch?v=Ye18Uxd5EG8

Un abrazo.

Anónimo dijo...

sos una persona muy generosa e inspiradora Alex, vos sos escorpio verdad? bueno, te dejo un poco de energía taurina para que disfutes...
ojalà este 2013 te traiga muchas sonrisas...

Gina

Brisa dijo...

Querido Alex:

¡Qué bueno que te sientas así y qué bueno que te sientas amado! El mejor regalo de la vida, sobre todo cuando llega en la madurez y uno ha aprendido a valorarlo como merece.
Tus pensamientos me han transportado a una tarde de mis veintitantos, quizás veinticinco, no recuerdo…era verano, al atardecer también, y yo volvía de trabajar en mi bici después de un día agotador. En aquel entonces vivía una etapa difícil e intensa de mi vida, con seguridad la que recuerdo con más crudeza y sin embargo, mientras pedaleaba por aquella carretera comarcal recuerdo perfectamente cómo se ponía el sol a mi derecha al fondo de un campo. La brisa cálida de la tarde me daba en la cara y yo disfrutaba de la facilidad con que mis piernas me llevaban a toda velocidad por la suave pendiente.
No sé por qué ese momento se ha quedado grabado en mí, quizás porque en medio de aquella vorágine me sentí dichosa y libre. A pesar de todo fui capaz de disfrutar aquel momento y sentir agradecimiento por estar viva y estar aprendiendo, por algo tan simple como sentirme ligera y fundirme con la tarde.
Aún puedo vivir aquel instante como si estuviera allí, con un corazón joven latiendo fuerte y buscando respuestas en todas partes.
Parte de aquel vigor se ha ido, pero en su lugar ahora hay cierta serenidad y calma interior, y sobre todo un horizonte más amplio. Me ha gustado que me transportaras a ese momento. A veces me cuesta recordar algo bueno de aquel tiempo.
Y es estupendo que hayas decidido celebrar la vida, para eso también hace falta perspectiva y madurez. Lo bueno de cumplir años es que la visión se amplía y se pueden celebrar más cosas y con más profundidad.
Un abrazo.

Alex dijo...

Querida Brisa,

Muchas gracias por compartir y me encanta que sintonicemos porque parece la misma experiencia que hemos vivido y llevamos dentro.

Muchas gracias!!!

Anónimo dijo...

Estimado Alex, con seguridad tendrás éxito en tu misión personal para este 2013, felicidades y por favor no dejes de transmitir tu experiencia.
Cariños...
Gloria