09 marzo 2012

Ya te extraño…

Cuando abrí este blog lo hice con el propósito de documentar una etapa nueva de mi vida a partir de la parálisis que padecí en septiembre de 2002. Los primeros escritos relatan los momentos previos y posteriores de ese tiempo, mis cavilaciones y luchas internas, mis ideas y fantasías. Con el tiempo y el avance de mi recuperación, mi historia personal pareció ocupar un segundo lugar y me fui interesando más por los asuntos mundiales, los cambios planetarios que estábamos por vivir, las crisis que vendrían y las teorías conspiratorias que atraparon mi mente por buen tiempo y me sirvieron para descubrir un mundo diferente. Era todo el proceso que vivía y que también cumplía con la función de mantenerme entretenido y reemplazar las horas en que solía salir a pasear o dar vueltas y visitar amigos. Con la inmovilidad de la parálisis, la computadora se tornó en mi compañera, mi ventana al mundo y mi entretenimiento preferido, junto con el cine.

Hoy vuelvo a escribir pero por razones muy diferentes y menos felices, al menos, para mi.

Durante el 2001 yo vivía en Estados Unidos como inmigrante ilegal, pero tenía una buena vida con muchas comodidades y soltura económica. Mientras estaba allá mi vida como astrólogo quedó en un paréntesis y me dediqué más a las computadoras, las pequeñas redes de oficina, locutorios y ese tipo de actividad que ayudaba a pagar las cuentas. Sin embargo nunca abandoné mi profesión y seguía escudriñando en las cartas de mis familiares y amigos, ex parejas y otros conocidos. Así fue que me sentí sobresaltado al ver en la carta de mi madre una situación de riesgo para su salud. Era entonces el final del año 2000. Me asusté al ver los aspectos planetarios y la gravedad de la situación y temí por la vida de mi madre. en ese tiempo no supe bien qué hacer, si hablar con ella, quedarme en silencio, etc.. Poco tiempo después, en una charla telefónica con ella me enteré de su propia boca que le habían detectado un tumor cerebral y debía ser operada lo antes posible. Por suerte el tumor no era maligno y no se trataba de un cáncer, pero estaba alojado sobre la hipófisis y eso revestía cierto riesgo. Mi madre entonces me consultó sobre la mejor fecha para la intervención en base a su carta natal. Estudié el tema con detenimiento y temor a equivocarme, pero finalmente di con el 19 de abril de 2001 como la mejor fecha. En ese tiempo mi madre ya habría cumplido sus 64 años. Revisé todos los aspectos para evitar cualquier complicación posterior. Se lo hice saber y ella habló con el neurocirujano que la intervendría. Era un hombre relativamente joven y especialista en ese tipo de cirugía de cerebro. Cuando mi madre habló con él y dio sus razones sobre la fecha, es decir, que había sido asesorada por su hijo astrólogo, el cirujano casi se le ríe en la cara. La idea de ese hombre era operar en febrero y esperar hasta abril lo consideraba un riesgo, sobre todo por tratarse de fechas “astrológicas”. El asunto es que así se hizo gracias a la firmeza de mi madre, mujer de mucho carácter y decisión. La operación fue un éxito y su recuperación fue fantástica. Ya al mes de la intervención estaba manejando y en perfectas condiciones.

Yo regresé a la Argentina y en 2002 tuve mi parálisis, gran drama familiar y de mucha tristeza para mis padres y hermanos. Desde entonces que vivo con mis padres y eso representó todo un desafío de adaptación de mi parte y de parte de ellos también porque yo vivía sólo desde los 19 años sin necesidad de depender de ellos. Allí me encontraba yo, tirado en una cama sin poder moverme desde la base del pecho hacia abajo y dependiendo en todo de ellos, sobre todo de mi madre que me ayudaba con el baño y ese tipo de cotidianeidad que tantas veces pasamos por alto.

Los años pasaron y todo retomó la normalidad y dicha gracias a mi recuperación, movimiento de mis piernas y recuperar algo de independencia. Fueron cinco años de silla de ruedas hasta que empecé a poder pararme y dar los primeros pasos con la ayuda de un andador. Pero el cuento no es sobre mi. Quien me revisó y trató en un comienzo fue el mismo cirujano que operó a mi madre. Por tratarse de un asunto neurológico, mi madre consideró oportuno que viera a este neurólogo. Así lo hice pero el hombre me sentenció a 4 meses de vida y de superarlo, silla de ruedas para el resto de mi vida.

Por suerte mi seguridad en los astros y sobre todo en mi interpretación de ellos me ayudó a hacerle frente y negar sus pronósticos, asegurando que volvería a caminar y que viviría muy bien. El tiempo así lo demostró y si bien aún me asiste un andador, ya estoy casi recuperado por completo.

Hace un año, el tumor de mi madre decidió volver a crecer. Se evidenció por una pérdida de visión periférica de su ojo derecho y eso llevó a mi madre a empezar un peregrinaje para ver diferentes sanadores que manejan técnicas como bio-magnetismo, hierbas, etc. pero sin tener resultados visibles. El cirujano sostenía que no era necesario otra operación porque el tumor apenas había crecido, pero en los últimos meses del 2011 la cosa cambió  y mi madre empeoró en su visión, lo que hizo que se decidiera intervenirla para principios de este año 2012.

Al igual que en la operación anterior, mi madre me consultó sobre la mejor fecha para ser operada. Dispuse ciertas fechas dentro de la primer quincena de febrero y luego la primera de marzo luego del día 8, fecha de su cumpleaños. El cirujano salió de vacaciones durante el mes de enero y a su regreso ya había estipulado el día 29 de febrero para operarla. Yo me negué rotundamente porque era una fecha de alto riesgo a que surjan complicaciones post-operatorias y se lo hice saber a mi madre. Ella habló con el cirujano quien desestimó mi trabo y dijo “Martha, si tuviéramos que considerar la astrología para cada intervención, nadie se operaría”. Entiendo a su hijo en su preocupación pero nada pasará y Ud. saldrá muy bien.

Mi madre se negó y dijo que quería un cambio de fecha y que no se operaría el 29 de febrero. El médico de mala gana dijo que hablaría con el equipo para fijar una nueva fecha de ser posible, pero que lo veía poco viable. Al cabo de un día la llamó para decir que se operaría el 29 de febrero. Esto me enfureció pero nadie pareció importarle mi punto de vista.

El 29 la operaron en una intervención que duró 8 hs. La operación fue un éxito y salió muy bien, donde pudieron remover el 70% del tumor y ella estaba estable. Pasaron los días y empezaron las complicaciones en un desequilibrio de los niveles de sodio en el cuerpo, lo que la dejaba medio aturdida y desorientada. La estabilizaron por medios externos y estaba en muy buenas manos en terapia intensiva. El progreso de su recuperación asombró a todos y mi padre estaba contento y entusiasmado de verla mejorar día a día. El 5 de marzo hablé con él porque mi madre entraría en una fase muy crítica en su salud y pedí que la observaran de cerca. Mis hermanos me retaron por haber dicho algo así y preocupar innecesariamente a mi padre, pero yo sabía de lo que estaba hablando. Decidí callar y dejar que las cosas siguieran su curso. Los días críticos los superó con apenas algo de fiebre y cansancio y al regreso de cada visita mi padre y hermanas venían a darme el parte diario de sus mejoras. El 7 de marzo fue su aniversario de casada con mi padre, 53 años juntos, algo que no se ve mucho hoy en día y de una relación hermosa entre ellos, de mucho amor y respeto.

Anoche no me podía dormir, me sentía inquieto y ansioso. Me puse a hacer pan integral a las 12:30 de la noche y terminé por acostarme cerca de las 3 de a madrugada. Esta mañana me desperté pero me quedé en la cama hasta casi el mediodía. A las 11:55 am abrí los ojos de un entresueño, algo sobresaltado. Me levanté, desayuné y quedé a la espera de mi clienta de las 14 hs. A las 13:30 vino mi padre con mi hermana que regresaban de la clínica, con la noticia de que mi madre había fallecido a las 12 como consecuencia de una embolia pulmonar.

Fue devastadora la noticia. Mi padre estaba en shock y lo sigue estando. Estaban bromeando sobre el cumpleaños de mi madre, ella feliz de las visitas y poema que mi padre le escribió y que mañana la pasarían ya a cuidados generales porque estaba muy repuesta. De pronto, sin aviso, empezó una profusa sudoración, ahogo y los médicos que desalojaron la sala de visitas. Seis minutos más tarde salieron avisando que había fallecido.

Apenas han pasado 12 horas desde la muerte de mi madre y no dejo de pensar sobre el tema. Me siento impotente ante el devastador hecho y sobre todo sabiendo que pudo haberse evitado si era operada en otra fecha. Sólo me resta pensar que esta sea una lección para el cirujano, que aprenda a abrir  su mente y su corazón a otro conocimiento. Según me relata mi padre, el hombre quedó en shock por el desenlace y hasta dejo escapar alguna lágrima por mi madre. Sé que le tenía aprecio y un especial cariño.

Me consuela saber que mi madre no sufrió y que su partida fue rápida y sin dolor y que ahora está en muy buenas manos.

Estas semanas que siguen serán difíciles para toda la familia y sobre todo para mi padre que se encontrará sólo en la cama matrimonial.

Mañana será cremada y pondremos sus cenizas en el jardín. Ahora me queda a mi procesar su pérdida y reafirmar mi compromiso por volver a caminar.

Mamá, me siento orgulloso de haber sido tu hijo y el amor que me has dado vive fuerte y despierto en mi corazón. Seguramente volveremos a encontrarnos.

Feliz cumpleaños y el inicio de una nueva vida !

Gerardo con mama Ene 63