22 julio 2011

Renunciando al lado oscuro.

Cuántos de nosotros hemos excusado el enojo, desprecio, culpa y otras emociones negativas refugiándonos bajo la conducta de otra persona? Ciertamente yo lo he hecho.


Mientras que esto es natural, sólo nos lastima a todos. Cuando somos niños, estamos expuestos a mucha negatividad: padres que se pelean entre ellos, madres y padres que nos imponen disciplina basada en el ego (en oposición a la disciplina que es verdaderamente para nuestro mejor bien), violencia familiar, burlas y crueldad de parte de otros niños, un mundo en guerra y el débil dominado por el más fuerte. En vista de tanto dolor y abuso, hemos adoptado instancias y conductas que nos hacen sentir auto-protegidos. Desarrollamos sarcasmo, una lengua afilada, actitudes juzgadoras, elevamos la voz, posiciones de poder u otras formas de dominación. Establecemos alianzas, nos unimos a equipos y pandillas, unidos unos a otros para protegernos mediante la violencia de pensamiento, palabra y acción. Desconfiamos los unos de los otros, manipulamos y permanecemos híper vigilantes. En otras palabras, pensamos y decimos lo que sea necesario para superar la oscuridad que parece que nos su pera en poder.


Y mientras tanto explicamos que es porque “el, ella o ellos” han hecho o podrían hacer “esto o aquello” a nosotros o a otros. Y mientras les damos a otros la excusa para usar emociones y conductas negativas en nuestra contra.


No confío en las mujeres, entonces mantengo la distancia, lo que le da a mi novia la excusa de apartarse de mí o tratar de manipularme para que me comprometa con ella. Temo que me engañes, entonces trato de llevarte a que accedas a mis deseos, lo que te da la excusa de condenarme o enjuiciarme. Le temo a él, entonces planifico un ataque sorpresa, lo que le da a él la excusa de doblar su propio arsenal.


Usar el lado oscuro para luchar contra el lado oscuro es cuando usamos emociones negativas, pensamientos y conductas para evitar ser lastimados por las emociones, pensamientos y actitudes de otros; o donde usamos emociones, pensamientos o actitudes negativas luego de haber sido heridos para así vengarnos, recuperar nuestro “derecho” o al menos darle a nuestro ego alguna satisfacción haciéndonos sentir superiores en frente de nosotros mismos o de otros.


Todos usamos el lado oscuro para luchar contra el lado oscuro, pero lo hacemos de formas más o menos sutiles. Algunos de nosotros somos agresores obvios. Algunos de nosotros somos más bien criticones o jueces. Otros de nosotros enmascaramos nuestro lado oscuro detrás de la apariencia de preocuparnos por los demás, luchando la injusticia o parándonos en bien de nuestra nación o Dios. Otros tratamos de ocultar nuestro lado oscuro detrás de la oscuridad colectiva, haciendo lo que es “socialmente aceptable”, como defendiendo a nuestro equipo y esperando que otros pierdan en un contexto donde todos los demás están haciendo lo mismo.


Usar el lado oscuro para luchar el lado oscuro; ¿acaso tenemos elección? Siempre tenemos elección. La cosa es, ¿estámos dispuestos a tomar el riesgo o pagar el precio por tomar otra opción?


Si soltamos la “protección” del lado oscuro, podemos sentirnos sobrecogidos por el miedo, el miedo que nos motivó a invocar el lado oscuro de nuestra naturaleza. Si no lucho, defiendo o domino, resultaré lastimado. Pero cuando empezamos a examinar nuestras conductas, nos damos cuenta de que usar el lado oscuro para pelear contra el lado oscuro, también tiene un precio.


Como mínimo, nos sentimos incómodos por dentro porque siempre sentimos el dolor que infligimos sobre otros. Y una vez que sentimos ese dolor que causamos a otros, más y más somos compelidos a justificar nuestra conducta, lo que hace que nos enganchemos más y más en una vociferante condenación del otro mientras simultáneamente racionalizamos nuestra propia conducta. Ahora estamos perdidos en el remolino de sentimientos negativos que vomitamos sobre el “otro”, y nos volvemos más enfermos. Nos sentimos negativos y perdemos nuestro camino. Si hemos sido manipulativos o engañosos, por ejemplo, ahora tenemos más que encubrir o defender por medio de más engaño y manipulación.


Si hemos sido despectivos hacia otra persona, debemos que hacerlo o hacerla ver incluso más despectiva. Si hemos desconfiados, tenemos que seguir probando la falta de confianza en el otro. ¿En qué mundo vivimos? El mundo que existe entre nuestras orejas, en nuestros corazones y nuestra mente. El precio que pagamos por usar el lado oscuro es que acabamos viviendo nuestra propia oscuridad interior. ¿Acaso lo vale?


Cuando adoptamos una postura de consciencia, quizás arriesgamos salir lastimados, explotaros o engañados, pero siempre llevamos dentro nuestro la fuerza que surge del respeto a uno mismo y el buen sentimiento que llega de sentirnos limpios, claros y alineados con la Fuente. La gente que se ha reunido para pelear la injusticia sin violencia ha encontrado esta fuerza y la ha ofrecido una alternativa para que otra gente la elija. Han erosionado el corazón de la oscuridad por medio de pararse ante algo mejor y han sacudido nuestro mundo creando paz dentro de ellos mismos.


¿Qué hay de ti? Quizás te aferras al derecho de usar el lado oscuro para protegerte. Quizás has estado renunciando a este derecho parte por parte pero sigues enganchado en ciertas áreas que parecen más importantes o sensibles, áreas que aún justificas o quizás si quiera puedas ver.


Existe una opción. ¿Quién deseas ser? ¿Deseas pagar el precio de elegir el lado oscuro o estás dispuesto a apostar a la consciencia?


He aquí mi invitación: La próxima vez que te sientas en un estado negativo como sentir enojo, juicio, desprecio, manipulativo, desconfiado o vengativo, pregúntate a ti mismo si estás tratando de usar el lado oscuro para luchar contra el lado oscuro. Pregúntate qué precio estas pagando por hacer eso. Pregúntate qué precio está pagando el otro, qué relación se está perdiendo. Entonces pregúntate si vale la pena. Si no lo vale, renuncia al derecho de usar el lado oscuro por completo. Cuantos más hagamos esto, más seguro será nuestro mundo.


Spiritual Activism Movement

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nuestros actos siempre están dirigidos a protegernos de nuestros miedos. Siempre nos aferramos a éstos porque no queremos afrontar nuestras debilidades e inseguridades. Mientras el miedo sea quien dirija nuestras vidas, no será posible encarnar un mundo de bondad y compasión.