22 febrero 2009

Mitología Gay

Ericthonius, el primero en aparejar cuatro caballos a una carroza, era el más rico de los mortales. Tenía un hijo que se llamaba Tros, señor de los Troyanos. De él nacieron tres jóvenes inmaculados: Ilus, fundador de Ilium, Assaracus y Ganimedes, el más hermoso de todos los nacidos de la raza humana. Tros amaba a Ganimedes desde el fondo de su corazón y dispuso guardias y tutores para que lo cuidaran mientas luchaba o montaba con los perros de caza, o nadaba por las corrientes y rompientes del cálido Mediterráneo.

Un día, mirando hacia abajo desde el trono del Monte Olimpo, Zeus espió a Ganimedes en los prados del Monte Ida, jugando con sus amigos bajo la mirada de sus tutores. Instantáneamente, el Rey del Cielo se enamoró de los muslos del joven troyano. Zeus se sacudió a sí mismo y se convirtió en águila poderosa. Se lanzó hacia abajo en picada hacia el mundo de los hombres. Lanzando rayos hacia cada lado, creó una enorme tormenta que convirtió el día en noche. Bajo la cubierta de la tormenta el águila majestuosa agarró con ternura al joven con sus garras. Los guardianes intentaron detenerlo mientras los perros de caza ladraban enloquecidos. Haciendo caso omiso, el dios y el joven se elevaron más y más alto y se desvanecieron en la nada.

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En un abrir y cerrar de ojos, los dos llegaron al Olimpo. El águila plegó sus alas, se sacudió una vez y recuperó su forma divina. Llevó a Ganimedes a la cama y lo nombró servidor del vino (un alto rango en las cortes reales consistente en servir vino en la mesa real). Pero para hacer lugar para Ganimedes, Zeus tuvo que despedir a Hebe, la hija de Hera y suya propia, quien servía las bebidas en las festividades divinas. Hera vio todo eso y se enfureció en odio y celos.

Todos los otros dioses se regocijaron de tener a Ganimedes entre ellos, por su belleza llena de gracia. Ganimedes pensó que servir néctar a los inmortales era algo estupendo y cuando llenaba la copa de su amante (Zeus) se aseguraba de besarla primero y darle media vuelta mientras la ponía en manos de Zeus.

Mientras tanto en la Tierra, el corazón de Tros estaba colmado de una marga y cruel amargura sin saber dónde la tempestad divina había llevado a su hijo. Lloró lágrimas infinitas. Incluso Zeus estaba conmovido por su dolor. Envió a Hermes como mensajero, haciendo saber a Tros que su hijo estaba entre los dioses, inmortal y por siempre joven. Zeus dio a Tros un par de yeguas briosas a cambio de su hijo, capaces de caminar sobre el agua e inmortales. Las mismas que llevan a los inmortales. El corazón de Tros se llenó de regocijo y alegría conduciendo sus nuevos caballos tan rápido como el viento.

Hera, aparte de ella misma, desató su ira destruyendo a los troyanos. Pero Zeus, agradecido por el amor de Ganimedes, hizo un lugar a Ganimedes entre las estrellas como Acuario, el portador del agua. Allí se mantiene erguido, sonriendo, derramando néctar y escudado hasta este día por las alas de la constelación del Águila.

 

Aclaración:

El libro de Los Mitos Griegos Gay restaura el contenido homosexual y homoerótico de los mitos griegos. Pero los Mitos Griegos Gay, de hecho la “mitología gay” en general, es un nombre inapropiado. “Gay” como una identidad sexual es un desarrollo reciente, que surge en el siglo XX y nuestra idea de lo que significa ser gay u homosexual ha sido altamente influenciada por el creciente activismo gay y el emergente derecho para los gay dentro del escenario cultural. En el tiempo de los Griegos no había tal identidad gay o heterosexual y no compartimentalizaban su sexualidad en homosexual o heterosexual. Sus pasiones homosexuales eran parte de su expresión erótica como seres sexuales. No consideraban su amor por los jóvenes como gay u homosexual, separado de otras expresiones sexuales, y el valor de la relación era juzgado no por el género de la persona que se amaba, sino por sus resultados.

5 comentarios:

S Y K R A Y O dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
S Y K R A Y O dijo...
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Anónimo dijo...

Hombre yo prefiero la religión mitológica y liberal de los griegos que nuestra rigida e hipócrita iglesia católica.

Anónimo dijo...

Una historia muy interesante, aunque antiguamente el ser homosexual no era nada raro, al contrario. Y esta historia y muchas mas muestran la realidad en la antigua Grecia. Muy buena historia haber si sigues publicando mas

rafaelacosta dijo...

Me gusto..es como una poesía llena de historias de amor,,, muy. Bellos,, todo,,