07 febrero 2009

Amor y poder

Nuestro poder personal fue incentivado o limitado durante nuestra infancia.

En términos tridimensionales, nuestro primer entorno pudo tanto dotarnos de un sentido de poder personal si nuestros padres fueron amables, positivos y nos respaldaban, o nos daban oportunidades para tomar nuestras propias decisiones para experimentar el éxito o el fracaso. Nuestro entorno primario pudo quitarnos el poder personal si nuestros padres nos limitaban con críticas, crueldad, sin sensibilidad o castigos injustos.

En términos de la cuarta dimensión, nuestro poder nos fue dado o quitado a través de los pensamientos de aquellos alrededor nuestro en nuestra infancia. Aunque hayamos perdido nuestro poder de la cuarta dimensión en la vida de adultos, era, sin embargo, algo normal en nuestra infancia. Frecuentemente, como niños, podíamos ver hadas, hablar con los animales o relacionarnos con nuestros muñecos como si estuvieran vivos. Los adultos pudieron haber dicho “qué simpático, que buena imaginación tenés” o “callate, no existen las hadas y los perros sólo ladran”. Entonces en qué creíamos? A quién le dábamos el poder, a las hadas en las que creíamos, el perro que nos amaba o a los padres que nos daban comida y un techo?

La regla de oro de la naturaleza es la supervivencia. Podíamos sobrevivir sin hadas y sin perros que nos hablaran, pero no podíamos vivir sin un hogar y alimento. Por ello, los escuchábamos a “ellos”, a aquellos que nos estaban criando. Así, su realidad se convirtió en la nuestra.

Si tuvimos la suerte de tener padres que se sintieron poderosos y nos dieron amor, protección y coraje, entonces tuvimos una realidad feliz y segura en la que pudimos florecer al máximo de nuestro potencial. Por el otro lado, si nuestros padres tenían miedo, estaban enojados o se sentían víctimas indefensas del sistema o de otros, entonces estamos en peligro de recrear ese mundo al ser nuestro único modelo.

También creamos esa realidad porque la entrada a nuestra Alma, nuestro mundo astral de la cuarta dimensión, fue desalentada y descartada como “nuestra simple imaginación”.

Como niños, la puerta psíquica a la cuarta dimensión aún estaba abierta y claramente podíamos captar todo el dolor, miedo, enojo y pena de nuestra familia y otros con quienes éramos íntimos. El principal problema era que cuando “psíquicamente” captábamos el entorno astral alrededor nuestro, que eran los pensamientos y sentimientos de otros, no lo percibíamos como pensamientos y sentimientos de otros. Los percibíamos como si fueran propios.

Nos sentíamos como la víctima, éramos nosotros quienes estábamos tristes, enojados o con miedo y creíamos que no podíamos crear una vida mejor. Por ello, creamos creencias centrales sobre nosotros que nos protegían de nuestro incómodo mundo emocional. Estas creencias fundamentales eran frecuentemente sobre nuestras propias limitaciones, tales como: “no soy lo suficientemente bueno”, “no lo merezco”, o “no soy valioso”. Entonces pudimos mantener la creencia necesaria de que era nuestra inadecuación y no la de nuestros padres o entorno la que era la fuente de nuestros problemas. La realidad es que las creencias fundamentales que creamos eran probablemente las mismas creencias fundamentales que crearon nuestros padres y nos las pasaron psíquicamente. Sin embargo, estas creencias fundamentales crearon una ilusión de protección sobre un mundo duro y hostil. Efectivamente, para nuestro ser interior que recuerda que somos seres de luz dorados, la tercera dimensión se sintió muy dura y restrictiva. Por ello, la mayoría de nosotros se olvidó de nuestro cuerpo de luz porque no pudimos volver a ese cuerpo y sólo nos causaba dolor recordarlo.

Sobre el escenario anterior, el niño aprendió que poder es igual a “poder sobre” otro(s). Si sus padres eran víctimas, entonces ellos también deben serlo. Debido a que el niño aún tenía la “segunda visión” del Plano Astral, podían ver y sentir el miedo y la victimización que era la base del enojo y la pena de sus padres.

¿Cómo puede aprender un niño sobre el poder interior? ¿Cómo puede un niño aprender sobre creencias fundamentales positivas como: “soy poderoso, soy inteligente y soy adorable”? Los padres pueden “actuar como” si fueran cariñosos, “actuar como” si no tuvieran miedo y “actuar como” si fueran felices. Sin embargo, el niño todavía “siente” la verdad porque el o ella aún está despierto a su Ser Astral. Desafortunadamente, para el momento en que el niño aprendió a cerrar la puerta, el daño ya está hecho.

¿Qué puede hacer un padre?

Un padre puede volver a su propia infancia, encontrar la causa de sus creencias fundamentales negativas y sanarlas. Entonces el padre no tiene que “actuar” como si estuviera contento o feliz. Así el padre puede “ser” feliz y amoroso. No podemos dar lo que no tenemos. Si no tenemos dinero encima, cómo podríamos darle a otro? Si no tenemos amor en nosotros mismos, entonces cómo podríamos darlo? Nuestra sociedad ha visto el poder en el dinero y haría cualquier cosa por obtenerlo. Pero cuántos de nosotros hemos verdaderamente experimentado el poder del amor, amor de nuestro SER hacia nosotros mismos?

1 comentario:

Mariana dijo...

Muy interesante comparto muchas ideas aunque no tan no se espiritistamente no es que critiquwe al contrario es q solo trato de mantenerme objetiva creo en hacer un enfoque multidisciplinario, no quedarme atada a una sola mirada. Tambien me interesa la informacion sobre el 2012 muy bueno el blog