14 octubre 2008

Semejantes...

Dulzura temprana, tierna visión que me inunda al contemplarte inocente y aún despierto.

Formas delineadas de cuerpo joven reposando en mi lecho.

Ay!... labios sensuales que piden ser besados sin yo poder satisfacerlos.

Eres un conjunto armónico, perfecto en belleza y sensualidad escondida que remueve memorias olvidadas y sentimientos sepultados de hace tanto.

Cuánto amor y placer me prodigas con tu presencia, tu confianza y tu entrega sin recelos.

Cada vez que acaricio tus cabellos, esa melena revuelta de niño, de adolescente rebelde que juega a ser adulto mientras exploras a tientas ciegas la vida por venir, despierta en mí el estímulo de vivir; mi pecho henchido de alegría reprimida y suspiros callados que amenazan denunciar mis sentimientos.

Cuando mis manos se posan en tu pecho palpitante de ansia y nerviosismo contenido, hunden sus intenciones en movimientos serenos y pasivos mientras exploran el manto de tu torso desnudo frente a mi. Caricias suaves, caricias con amor.

Miradas fugaces que se hacen cómplices de un juego sin normas ni reglas, un juego de secretos nunca revelados y deseos silenciosos sólo denunciados por el fuerte palpitar de la sangre que por las venas nos explora sin hablar.

Veo en ti un pasado ya vivido. Puedo ver un reflejo de lo que una vez fui, de lo que atesoro en mi corazón y me resisto a perder.

Gracias por ser quien eres.

Gracias por ser como eres y sobre todo, gracias por abrir tus puertas para mi.

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