31 enero 2008

Hasta pronto Altena.



Poco a poco los días fueron pasando acumulando emociones, sensaciones y recuerdos que nunca dejarán mi mente.
Salir de compras al supermercado y ver la silueta del castillo en lo alto de la colina dominando el valle y las casas de la antigua villa bajo su sombra.
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Finalmente y después de tanto esperar hoy ha comenzado a caer la primer nevada del invierno. Con las anomalías del cambio climático global, este invierno fue inusualmente cálido, pero por suerte el cielo escuchó mi pedido y pocos dias antes de regresar al verano del sur, me regala unos días de nieve.
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Todavía no tengo mis ideas en claro ni mis impresiones en orden sobre mis vivencias en Alemania. Puedo decir sin miedo a equivocarme que regresaré este mismo año. Creo que se abrió un corredor entre Altena y Bariloche en el que podré transitar con frecuencia.
Muchas nuevas personas llegaron a mi vida durante estos dos meses de estadía en Alemania. Nuevos clientes y consultantes de astrología que qudaron más que satisfechos con la lectura que les he brindado de sus cartas natales. Gente abierta, amable, cálida y agradecida.
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No puedo decir que tuve una sóla experincia negativa desde mi llegada a Alemania, todo lo contrario, y eso me hizo sentir como en mi propia tierra.
Toda esta semana ha sido un transitar de personas que pasaron a saludarme y despedirse de mi. Algunas con lágrimas asomando por sus ojos, otras con un silencio que lo dice todo, o un abrazo largo y apretado.
Descubrí familiares que desconocía, vínculos sanguíneos que dieron mayor sentido a mi vida y extendiron mis lazos, como puentes, hacia mi pasado.
No se si hubo una cosa que haya sido más importante que otra. Creo que cada una ocupó un lugar único dentro de mi, tanto en mente como en corazón.
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Ahora mi energía empieza a centrarse en el retorno a los bosques de Bariloche, el calor del verano, las caras amigas y el compartir esta vivencia de la que todavía no me hago consciente en plenitud.
Siento que este viaje está marcando el final de una etapa en mi vida, abriendo puertas y senderos a nuevas aventuras y experiencias.
El trabajo que hice en Over sobre mis piernas, el orígen de mi parálisis, las lecciones a aprehender, el reconocimiento de emociones escondidas, de ideas caducas que solté con ayuda de Frau Selter y Frau Köerbelin, dieron sus frutos casi de inmediato en mi andar ahora firme y decidido en un fuerte contacto con la madre Tierra en quien hundí mis raíces para seguir transitando sobre este planeta por mucho más tiempo.
Atrás dejo una carga ancestral que llevaba sin darme cuenta y mi andar se ha tornado ligero y decidido. Volveré a esta tierra con centurias de historia, feliz y despreocupado, caminando una vez más.

23 enero 2008

La Gran Afirmación

La gran afirmación aparece en dos modelos, el cósmico y el individual. En su esencia es el mismo en ambos, pero en cada uno funciona desde un punto de vista distinto. Es siempre el principio de Ser, aquello que es en distinción con aquello que no es; pero para captar el verdadero significado de esto, primero debemos entender qué significa “aquello que no es”. Es algo más que mera inexistencia, pero no vamos a complicarnos con lo que no existe. Es aquello que es y no es al mismo tiempo y lo que responde a esta descripción lo llamamos “condiciones”. El pequeño afirmativo es aquel que afirma condiciones particulares como todo lo que puede captar, mientras que el gran afirmativo capta una concepción más amplia, la concepción de aquello que da origen a las condiciones. Cosmicamente es el poder del Espíritu que emana toda la creación como expresión de sí mismo, y es por eso que hablaba en otro post de esta serie, de la creación de todo el Universo visible de la nada. Como lo dicen las escrituras occidentales y orintales por igual, es el aliento del Espíritu Original; siguiendo con lo que dije en artículos precedentes sobre la reproducción de este Espíritu en el individuo, que por su misma naturaleza del propio proceso creativo, la mente humana debe ser de la misma cualidad que la Mente Divina; entónces descubrimos que un segundo modo del Esíritu Original es posible, es decir, el que opera mediante la mente individual. Pero tanto si actúa cósmica o personalmente, siempre es el mismo Espiritu y por eso no puede perder su carácter intrínseco, el cuál es, el poder de crear de la nada. Es la contradicción directa del dicho en latín que dice “ex nihilo nihil fit” (de la nada sale nada) o nada puede hacerse de la nada; y es el reconocimiento de la presencia de este poder en nosotros mismos lo que puede hacer “algo” de la nada, es la clave de nuestro futuro progreso. Como resultado lógico del proceso creativo cósmico, el trabajo evolutivo alcanza un punto donde el Poder Originario crea una imagen de sí mismo y de este modo enfrenta un punto de partida fresco desde el que puede trabajar específicamente, así como en el proceso cósmico trabaja genericamente. Desde este nuevo punto de partida, de nigún modo contradice las leyes del orden cósmico, sino que procede a especializarlas, obteniendo resultados a través del individuo que de otro modo no podrían lograrse.
El Espíritu hace esto mediane el mísmo método que en la Creación Original, es decir, creando de la nada, de otra forma, estaría atado por las limitaciones necesariamente inherentes en la forma cósmica de las cosas, y así, no se podría haber logrado un punto de partida creativo nuevo. Es por eso que la Biblia pone tanto énfasis en el principio de la Monogénesis o creación a partir de un solo poder en vez de a partir de un par; por eso se nos ha dicho que esta “unicidad” -de ser único- de Dios es la base de todos los mandamientos y que el “hijo de Dios” es monogénico o declarado único (sólo uno), siendo la traducción correcta de la palabra griega que aparece en la Biblia y 9 veces en el Nuevo Testamento. La inmensa importancia de este principio de creación a partir de un poder singular o único, se hará más evidente en la medida que nos demos cuenta más completamente de los resultados procedentes de la asumisión del principio opuesto, o sea, el dualismo del poder creativo. Analizar un tema así llevaría un libro completo, pero por el momento digamos que lo que plantea la Biblia sobre este tema, tiene sus raíces y está basado en un conocimiento que se remonta a los orígenes mísmos de los principios esotéricos y por eso no puede dejarse de lado en favor de sistemas duales, aunque estos últimos superficialmente parezcan más en consonancia con la razón.
Si fuera posible poner en palabras La Gran Afirmación, sería: Dios es Uno y ese Uno encuentra su centro en nosotros mismos. Si tomamos absoluta consciencia del significado de esa declaración, el resultado lógico sería una nueva creación, tanto en y desde nosotros mismos. Debemos reconocer en nosotros un nuevo principio cuya característica distintiva es su simplicidad. Es la Unidad sin ser perturbada por nada secundario. Por lo tanto, lo que contempla no es cómo su acción sería modificada por la acción de algún otro principio secundario, algo que le haría trabajar en una forma particular y por lo tanto lo limitaría, sino, lo que contempla es su propia Unidad. Entonces percibe que su Unidad consiste en un movimiento mayor y menor, así como la rotación de la Tierra sobre su eje no interfiere con su rotación en torno al Sol sino que ambos son movimientos de una misma unidad y están, definitivamente, relacionados uno con el otro. De la misma forma encontramos que el Espíritu se está moviendo simultáneamente en el macrocosmos del universo y en el microcosmos del individuo y que los dos movimientos armonizan porque pertenecen al mismo Espíritu, y el movimiento del individuo esta incluido en el movimiento del Universo y lo presupone. La Gran Afirmación, por lo tanto, es la percepción de que “Yo Soy” es UNO, siempre armoniosa consigo misma e incluyendo todas las cosas en esta armonía por la simple razón de que no existe un segundo poder creativo. Cuando el individuo se da cuenta de esto, de que este siempre singular poder es la raíz de su propio Ser y por ello encuentra su centro y expresión a través de él, aprende a confiar en su singularidad y en la consecuente armonía de su acción en él y con lo que hace alrededor de él. Entónces se puede ver que la afirmación “ Yo y mi Padre somos Uno” es una deducción necesaria desde una correcta aprehención del principio fundamental de ser, y entónces, sobre el principio que el menor debe estar contenido en el mayor – alfa y omega-, uno desea que esa unidad de acción armónica sea mantenida por la adaptación de su propio y particular movimiento al mayor movimiento del espíritu trabajando como el Principio Creativo a través del gran todo. De esta forma nos convertimos en centros a través del cuál las fuerzas creativas encuentran especialización por el desarrollo del factor personal sobre el cual la aplicación específica de las leyes generales siempre deben depender. Se forma una forma específica de individualidad, capáz de ser el enlace entre el Gran Poder espiritual de lo universal y la manifestación de lo relativo en el tiempo y el espacio porque conscientemente participa de ambos; y porque el individuo de esta clase reconoce la singularidad del Espíritu como el punto de partida de todas la cosas, se esfuerza en apartar su mente de todos los argumentos que se derivan de condiciones externas, tanto pasadas o presentes, y en fijarla sobre el siguiente movimiento del espíritu que sabe, es siempre identico tanto en el universo como en sí mismo. Cesa su intento de ordenar al Espíritu porque no ve en él una fuerza ciega, sino que lo reverencia como la Inteligencia Suprema, y por otro lado no se arrastra ante él en duda y miedo porque sabe que es Uno consigo mismo y que se está realizando a sí mismo a través de él y por consiguiente no puede tener ningún propósito antagónico a su propio bienestar individual. Dandose cuenta de esto, deliberadamente pone sus pensamientos bajo la guía del Espíritu Divino, sabiendo que sus actos y condiciones externas deben estar puestas en armonía con el gran movimiento del Espíritu, no sólo en el nivel que ha alcanzado, sino a todos los niveles futuros. Bajo ningún punto de vista niega el poder de su propio pensamiento como el agente creador en su propio mundo personal, por el contrario, es precisamente sobre el conocimiento de este hecho que el verdadero ajuste de los principios de vida se basa; pero por esta misma razón, el individuo está más dispuesto a ser guiado por esa Sabiduría que puede ver lo que él no puede, entónces su control personal sobre las condiciones de su propia vida pueden emplearse para su continuo desarrollo.
De esta forma nuestra afirmación del “Yo Soy” deja de ser la aseveración petulante de nuestra personalidad limitada y se convierte en la afirmación que el Gran Yo Soy afirma su propio Yo Soy tanto en nosotros como mediante nosotros y así nuestro uso de las palabras se convierte de verdad en la Gran Afirmación, o en lo que es la raíz de todo lo que se distingue de aquello que no tiene ser en sí mismo pero meramente se exterioriza siendo el vehículo de su expresión. Debemos reconocer nuestro verdadero lugar como centros creativos subordinados, perfectamente independientes de condiciones existentes porque el proceso creativo es de monogénesis y no requiere de otro factor salvo del Espíritu para llevarse a cabo, pero al mismo tiempo, subordinarnos al Espíritu Divino en la grandeza de su inherente movimiento porque sólo hay UN espíritu y no puede desde un centro antagonizar con lo que está haciendo desde otro. La Gran Afirmación nos hace niños del Gran Rey, viviendo en obediencia al Poder que está sobre nosotros y simultáneamente ejercitando ese mismo poder sobre todo el mundo de las causaciones secundarias que está por debajo de nosotros.
Así, en nuestra propia medida y nivel, cada uno de nosotros recibirá la misión del Yo Soy.

21 enero 2008

Si pudiera...!

Quiero decir que te quiero,
poder al viento gritar mi deseo;
mostrar mi desnudez a tus ojos
y poseer tu aliento en un beso.
*
Quiero saber que soy tuyo,
poder en tus ojos perderme;
sentir la pasión de tu abrazo
y fundirme en la inquietud de tu cuerpo.
*
Quiero decir que te quiero,
gritar mi intención en tu presencia
compartir contigo mi alma
y encontrarme en tu mirada.
*
Quisiera saber que me quieres
del modo que yo te sueño,
pero ya ves,
sólo quisiera...

05 enero 2008

Alfa y Omega

Alfa y Omega, el primero y el último. Qué significa?

Quizás muchos de Uds. hayan visto la película “El Secreto”, en la que se afirma que podemos crear nuestra realidad mediante nuestros pensamientos. Pues bien, por difícil que parezca aceptar la idea para algunos, les aseguro que es una gran verdad.
Lamentablemente la película no profundiza demasiado en el por qué de ello y las leyes operantes y es por eso que decidí aportar mi grano de arena sobre el tema mediante este artículo y echar algo de luz sobre el proceso desde un punto de vista racional y de deducción lógica para aquellos de mente más pragmática y analítica. Estoy seguro que puede ser de ayuda en la comprensión de otras leyes en el proceso de manifestación.

Alfa y Omega significa la serie completa de causaciones desde el primer movimiento originario hasta la compleción del resultado final. Esto puede tomarse en todas las escalas, desde la creación del Cosmos hasta la creación de una prenda de vestir o cualquier otro objeto. Todo tiene su orígen en una idea, un pensamiento; y tiene su concreción en la manifestación del pensamiento en la forma. Se necesitan muchos estadios intermedios pero el Alfa y el Omega de la serie son el “pensamiento” y la “cosa”. Esto nos enseña que en esencia la cosa ya existía en el pensamiento. Omega ya es potencial en Alfa, tanto como en el sistema pitagórico se dice que todos los números proceden de la Unidad y que se resolverán en ella (la unidad) una vez más. Es este principio general de la ya existencia de la “cosa” en el pensamiento lo que tenemos que mantener siempre presente, así como asumimos como real la exitencia de una casa por construirse en los diseños de un arquitecto, también deberíamos asumirlo como verdad en el gran trabajo del Arquitecto del Universo. Este principio general está operando permanentemente. Un principio general es algo que puede aplicarse a todo, y el uso y estudio de principios generales es poder darles una aplicación particular sobre cualquier cosa con la que tengamos que tratar. Ahora, con lo que más tenemos que tratar, por sobre otras cosas, es con nosotros mismos y por eso sería bueno tomar en consideración el Alfa y el Omega en el Ser Humano.

Según San Juan, “Yo Soy el Alfa y el Omega, el primero y el último”, descrito como: “como el hijo del hombre”, esto es, aunque trascendente de la apariencia de la visión, es esencialmente humano y nos sugiere la presencia de un principio universal a nivel humano. Pero la figura en la visión apocalíptica no es la del hombre como ordinariamente lo conocemos; es la visión del Omega existiendo dentro de Alfa: es el ideal de la humanidad subsistiendo en la Mente Divina que fuera manifestada en forma objetiva a los ojos del que pueda ver y, por consiguiente, presentado el Alfa y el Omega de esa idea en toda la majestuosidad de la gloria Divina.
Pero si captamos la verdad de que la “cosa” ya existe en el pensamiento, no vemos acaso que este Omega trascendente debe ya existir en el ideal Divino de cada uno de nosotros? Si en el plano de lo absoluto el tiempo no existe, entónces no es cierto que la glorificada humanidad es un hecho presente en la Mente Divina? Y si esto es así, entonces este hecho es eternamente verdad en cuanto a cada ser humano. Pero si es cierto que la “cosa” existe en el pensamiento, es igualmente cierto que el pensamiento encuentra la “forma” en la “cosa” y debido a que las cosas existen bajo las condiciones relativas del tiempo y el espacio, entonces necesariamente son suceptibles a la Ley de Crecimiento, asi que mientras la existencia de las cosas en el pensamiento es perfecta en su inicio, la expresión del pensamiento en las cosas es una cuestión de desarrollo gradual. Este es un asunto que no debemos perder de vista. Nunca debemos dejar de ver la perfección de la cosa en el pensamiento aunque aún no veamos la perfección del pensamiento en la cosa manifestada. Es por eso que tenemos que recordar que el Hombre, como lo conocemos hoy, todavía no ha alcanzado la cúspide de su evolución. Aún estamos en el proceso, pero al mismo tiempo, hemos alcanzado un punto en el que podemos facilitar el proceso evolutivo mediante una cooperación consciente con el Espíritu Creador. Nuestra parte en esta tarea empieza con el reconocimiento del ideal Divino del Hombre, y así, encontrar el patrón por el cual seamos guiados. Ya que la persona que será creada siguiendo este patrón somos nosotros mismos, se deduce que, cualquiera sea el proceso por el cual el ideal Divino se transforme a sí mismo en realidad concreta, el lugar en el que esos procesos toman lugar debe ser en nuestro interior; en otras palabras, la acción creativa del Espíritu se lleva a cabo mediante las leyes de nuestra propia mentalidad. Si es una máxima verdadera que la cosa debe tomar forma en el pensamiento antes que el pensamiento pueda tomar forma en la cosa, entónces es claro que el Ideal Divino sólo puede ser externalizado en nuestra vida objetiva en la misma proporción en la que primero se forma en nuestro pensamiento, y toma forma en nuestro pensamiento sólo en el mismo grado en que aprehendamos su existencia en la Mente Divina.

Debido a la naturaleza de la relación entre la mente individual y la Mente Universal, que es estrictamente una cuestión de reflejos, es decir que en la proporción en la que el espejo de nuestra mente se nuble o claramente refleje la imagen del ideal Divino, del mismo modo dará lugar a una reproducción débil o vigorosa de ella en nuestra vida externa.
Siendo esto lo racional del asunto, ¿por qué deberíamos limitar nuestra concepción del ideal Divino en nosotros? Por qué decir: “soy algo insignificante para reflejar semejante ideal” o “Dios nunca pretendió semejante ideal ilimitado en la vida de los seres humanos”. Al decir o pensar de esa forma sólo damos testimonio de nuestra resistencia a asumir la responsabilidad del compromiso que representa nuestra vida y, por otro lado, exponemos nuestra ignorancia sobre toda la Ley del Proceso Creativo. Cerramos nuestros ojos al hecho de que la concreción del Omega ya existe en el Alfa de la concepción y que el Alfa de la concepción no sería nada sino una mentirosa ilusión si no fuera capaz de expresarse en la concreción del Omega.
El proceso creativo en nosotros es que nos convirtamos en el reflejo individual de lo que Dios representa en nosotros y, si consideramos al Espiritu Divino como el potencial INFINITO de todo lo que pueda constituir un ser humano perfecto, este concepto debería, por la Ley del Proceso Creativo, construir gradualmente una imagen correspondiente en nuestra mente, lo que a cambio, actuará sobre nuestras condiciones externas.
Esta es la naturaleza del proceso y nos lo muestra lo que San Pablo quiso decir cuando decía que Cristo estaba formado en nosotros (Gal. IV-19) y en lo que en otro lugar llama ser renovado en conocimiento ante la imagen de EL que nos ha creado (Cor. III-10). Es una profunda secuencia lógica de Causa y Efecto y lo que requerimos es ver con más claridad la Ley de esta secuencia y usarla con inteligencia. Esto es lo que San Pablo dice con ser “renovado en conocimiento”: es un Nuevo Conocimiento, el reconocimiento de principios que no hemos aprehendido previamente.

Ahora, el hecho es que en nuestra experiencia pasada no hemos captado que la mente humana foma un nuevo punto de partida para el trabajo del Espíritu Creativo; y en proporción, mientras vemos esto más y más claramente, es cuanto más nos encontramos entrando en un nuevo orden de la vida en el que nos volvemos menos y menos sujetos a las viejas limitaciones del pasado. Esto no es una recompensa arbitraria que cae sobre nosotros por sostener en forma dogmática ciertas declaraciones verbales, sino el resultado natural del entendimiento de la ley suprema de nuestro propio Ser. En su propio plano es tan puramente científica como la ley de las reacciones químicas, sólo que aquí no estamos tratando con la interacción de causas secundarias sino con la acción auto-originada del Espíritu. Por lo tanto, debemos tomar en cuenta una nueva fuerza que no ocurre en la ciencia física: el poder del Sentimiento.
Los pensamientos crean la forma, pero es el Sentimiento el que le da vitalidad al pensamiento. El pensamiento sin sentimiento puede ser constructivo como en un gran trabajo de ingeniería, pero nunca puede ser creativo como en el trabajo de un artista o un músico; y aquello que origina dentro de sí mismo un nuevo orden de causación es, en cuanto a lo que concierne a las formas pre existentes, una creación de la nada y es, por consiguiente, el Pensamiento la expresión del Sentimiento. Es esta unión indisoluble de Pensamiento y Sentimiento lo que distingue el pensamiento creativo del mero pensamiento analítico y lo coloca en una categoría diferente y, por lo tanto, si vamos a enfrentar un nuevo punto de partida para llevar a cabo el trabajo de la creación, debe ser asimilando el sentimiento del Espíritu Originario como parte y paquete de su pensamiento, esto es, entrando en la Mente del Espíritu.
Ahora, las imagenes en la Mente del Espíritu deben ser necesariamente GENERICAS. La razón para ello es que por su propia naturaleza el Principio de Vida debe ser prolífico, esto es, tendiente a la Multiplicidad y por lo tanto la imagen-pensamiento original debe ser fundamental a todas las razas y no exclusiva de individuos particulares. Consecuentemente, las imagenes en la Mente del Espiritu deben ser tipos absolutos de la verdadera esencia del desarrollo perfecto de la raza, lo que Platón significó con “ideas arquetípicas”.

Esta es la existencia perfecta de la “cosa” en el pensamiento. Por lo tanto, es nuestra evolución como centros de actividad CREATIVA, los exponentes de nuevas leyes y mediante ellas, de nuevas condiciones que dependen de darnos cuenta en la Mente Divina el arquetipo de perfección mental simultaneamente como pensamiento y sentimiento. Acaso cuando encontramos esto en la Mente Divina, no nos topamos con una Personalidad gloriosa e infinita?
No hay nada que falte de todo lo que podamos entender por Personalidad, excepto la forma externa; y debido a que la misma esencia de la telepatía es que prescinde de la presencia física, nos encontramos en una posición de comunicación interior con una Personalidad simultaneamente Divina y Humana.
Es esa Personalidad del Espíritu que San Juan vió en la visión apocalíptica y que por las mismas condiciones del caso, son el Alfa y el Omega de la Humanidad.

Como dije antes, es simplemente Genérica en sí misma y se vuelve activa y específica sólo por pura relación personal con el individuo. Pero, una vez más, debemos darnos cuenta que nada puede suceder excepto acorde a la Ley y por lo tanto esta relación específica no es arbitraria sino que surje de la ley Genérica aplicada bajo condiciones específicas. Y debido a que lo que hace a una ley genérica es precisamente el hecho de que no provee las condiciones específicas, por lo tanto las condiciones específicas para la especialización de la ley deben ser provistas por el individuo. Entonces es su reconocimiento del movimiento creativo original, emergente de combinar Pensamiento y Sentimiento, lo que se convierte en un objetivo practico. El individuo se da cuenta que hay una Mente y hay un Corazón del Espíritu, recíprocos a su propia mente y corazón, que no está tratando con abstracción ni con una mera secuencia matemática, sino con algo que está pulsando con una Vida tan cálida y vívida y llena de interés como la suya propia, más aún, que es el Infinito que él mismo es. Y eso lo lleva incluso más lejos todavía y toda vez que esta especialización sólo puede tener lugar a través del individuo mismo, lógicamente sigue que la Vida que él especializa, se convierte en su Propia Vida.
El auto-reconocimiento a través del individuo no puede, de ninguna manera, cambiar la naturaleza inherente del Espíritu Creativo y, por lo tanto, al grado que el individuo percive su identificación consigo mismo, se coloca a sí mismo bajo la guía del Espíritu y se convierte en uno de esos que son “guiados por el Espíritu”. Así empieza a encontrar el Alfa y el Omega del ideal Divino reproducido en sí mismo, en un grado pequeño al principio, pero conteniendo el principio del crecimiento perpetuo hacia una expansión infinita de la que por ahora no podemos concebir.

No se pude crear una manifestación física si el Pensamiento no tiene Sentimiento.