20 diciembre 2007

Espíritu y Materia

Una de las distinciones más frecuentes usadas entre Espíritu y Materia, fácilmente reconocida por muchos, son los adjetivos que usualmente aplicamos al expresar la naturaleza opuesta entre los dos: espíritu vivo y material muerta. Estos terminos expresan nuestra impresion actual sobre la oposición entre espíritu y material con bastante exactitud y, considerados sólo desde el punto de vista de las apariencias externas, esto es correcto. El consenso general de la humanidad es correcto al confiar en la evidencia de los sentidos y cualquier sistema que nos diga que no debemos hacerlo, nunca obtendría aprobación en una comunidad saludable y sensata. No hay nada de malo en la evidencia aportada por los sentidos a una mente sana de un cuerpo sano, pero el punto donde entra el error es cuando juzgamos el significado de ese testimonio sensorial.
Estamos acostumbrados a juzgar sólo por las apariencias externas y por ciertos significados limitados que atribuímos a las palabras, pero cuando empezamos a cuestionar el verdadero significado de nuestras palabras y a analizar las causas que dan orígen a las apariencias, encontramos nuestras viejas nociones apartándose gradualmente de nosotros, hasta que por fin despertamos al hecho de que estamos viviendo en un mundo completamente diferente de aquel que antes reconocíamos. La vieja y limitada forma de pensar se ha desvanecido imperceptiblemente y descubrimos que hemos salido a un nuevo orden de cosas donde todo es libertad y vida. Esta es la tarea de una inteligencia iluminada resultante de una persistente determinación en descubrir en realidad qué verdad no se corresponde con cualquier noción preconcebida derivada de cualquier fuente, la determinación de pensar honestamente por nosotros mismos en lugar de encomendar que otros lo hagan por nosotros. En función de lo anterior, me gustaría descubrir qué significa realmente la “vida” que le atribuímos al espíritu y la “muerte” que atribuímos a la materia.

En principio podemos decir que vida consite en el poder de movimiento y muerte en su ausencia; pero un poco de investigación en los descubrimientos de la ciencia pronto nos dicen que la distinción no va muy profundamente. Hoy en día es un hecho establecido de la física que ningún átomo de lo que llamamos “materia muerta” está quieto. Frente de mi hay un teclado que parece quieto y sólido, pero bajo la luz de la ciencia, sé que los átomos que lo componen estan en permanente movimiento, vibrando con la más intensa energía, chocando unos con otros y rebotando, dando vueltas como pequeños sistemas solares, con una complejidad tal que desafía toda imaginación. La masa, como masa, quizas esté inherte sobre la mesa, pero lejos de estar destituída del elemento de movimiento, es el receptáculo de una energía incansable de partículas en movimiento cuya velocidad supera a cualquier máquina desarrollada por el hombre hasta la fecha. En vista de eso, no es el mero hecho del movimiento la raíz de la distinción instintiva entre espíritu y materia, hay que profundizar más.

La solución del problema nunca llegará de comparar Vida con lo que llamamos muerte, y la razón de ello será evidente más adelante, pero la verdadera clave se encuentra comparando un grado de vitalidad (de vida) de otro. Hay, claro, un sentido en el que el grado de vitalidad no admite grados, pero hay otro sentido en el que se trata completamente de grados. No tenemos dudas sobre la vida de una planta, pero nos damos cuenta que es algo diferente de la vida de un animal. Acaso un chico común y corriente no preferirá un perro por sobre un pez como mascota? O, de nuevo, por qué es que el chico está por encima o es más avanzado que el perro? La planta, el pez, el perro y el chico estan igualmente “vivos”, pero hay una diferencia en la calidad de vida (vitalidad) sobre la que nadie tendría dudas, y nadie dudaría en afirmar que esa diferencia radica en su grado de inteligencia. Es la posesión de una mayor inteligencia lo que posiciona al animal por sobre la escala de la planta, al hombre por sobre el animal, el hombre intelectual por sobre el hombre salvaje. Una inteligencia mayor llama a la acción formas de movimiento de un orden más alto correspondiendo a sí misma. Cuanto mayor la inteligencia, mayor y más completa la forma de movimiento que está bajo su control, y mientras descendemos en la escala de la inteligencia, se nota un descenso marcado por un correspondiente aumento de movimientos “automáticos” no sujetos al control de la inteligencia consciente. Este descenso es gradual, desde la expandida y alta personalidad humana auto-reconocida, hasta el orden más bajo del cual hablamos en término de “cosas” y del cual el auto-reconocimiento o reconocimiento de sí mismas está enteramente ausente.
Podemos darnos cuenta que la vitalidad de la vida consiste en la inteligencia, en otras palabras, en el poder del Pensamiento; y podemos entónces decir que la cualidad distintiva del Espíritu es el Pensamiento y, como opuesto a esto, podemos decir que la cualidad distintiva de la materia es la Forma. No podemos concebir la materia sin forma. Alguna forma debe haber, incluso invisible al ojo físico, para que la materia sea materia, debe ocupar un espacio y para ocupar un espacio en particular necesariamente implica una forma correspondiente. Por ese razonamiento podemos decir, como una proposición fundamental, que la cualidad distintiva del Espíritu es el pensamiento y que la cualidad distintiva de la meteria es la Forma. Esta es una distinción radical de la que siguen importantes consecuencias y debería, por consiguiente, considerarlas en detenimiento.

La forma implica extensión en el espacio y también limitación dentro de ciertas fronteras. El Pensamiento no implica ninguna de las anteriores. Cuando pensamos en la Vida como existente en cualquier forma en particular, la asociamos con la idea de extensión en el espacio, por lo que un elefante puede decirse que consiste de más cantidad de substancia viva que un ratón.
Pero si pensamos en la Vida como el hecho de estar vivo y vitalidad, no la asociamos con ninguna idea de extensión y nos damos cuenta que el ratón está tan vivo como el elefante, sin importar su diferencia en tamaño. El punto importante de esta distinción es que si podemos concevir algo completamente desprovisto del elemento de expansión en el espacio, entónces, debe estar presente en su entera totalidad en cualquier lugar y en cualquier momento; es decir, en cada punto del espacio simultaneamente. La definición científica de Tiempo dice que es el período que ocupa un cuerpo en pasar de un punto dado en el espacio hacia otro y, por consiguiente, de acuerdo con esa definición, cuando no hay espacio no puede haber tiempo, y por lo tanto esa concepción del Espíritu que lo define como desprovisto del elemento “espacio”, también debe hacerlo como desprovisto del elemento “tiempo” y, por consiguiente, encontramos la concepción de Espíritu como puro “pensamiento”, y no como Forma concreta. Es la concepción de Espíritu substiendo perfectamente y de manera independiente de los elementos de Tiempo y Espacio. De esto sigue que si la idea de “algo” es concebida como existente en este nivel, sólo puede representar ese “algo” como estando de hecho presente aquí y ahora. Bajo esta visión de las cosas nada puede estar lejos de nosotros tanto en tiempo como en espacio: o bien la idea está enteramente disipada o existe como una entidad presente real y no como algo que “será” en el futuro. Similarmente, donde no hay espacio no puede haber concepción de nada que esté lejos de nosotros. Cuando los elementos de tiempo y espacio se eliminan, todas nuestras ideas de cosas deben estar necesariamente existiendo en un aquí universal y eterno ahora. Esto sin dudas es una concepción altamente abstracta, pero los invito a que la consideren detenidamente y en profundidad porque es de vital importancia práctica en nuestras vidas.

La concepción opuesta es de cosas que se expresan a sí mismas a través de condiciones de tiempo y espacio, y así, estableciendo una variedad de relaciones con otras “cosas” como volumen, distancia, dirección o secuencia en el tiempo. Estas dos concepciones son respectivamente la concepción de lo abstracto y de lo concreto, de lo incondicionado y de lo condicionado, de lo absoluto y de lo relativo. No se oponen una a otra en el sentido de incompatibilidad, pero en el sentido de ser una el complemento de la otra, y la única realidad está en la combinación de las dos. El error del idealista extremo radica en empeñarse en lo absoluto sin lo relativo, y el error extremo del materialista radica, asimismo, en empeñarse en lo relativo sin lo absoluto. Por un lado el error está en pretender un “adentro” sin un “afuera” y viceversa: ambos son necesarios para la formación de una entidad substancial.

3 comentarios:

Yordán Rey Oliva dijo...

Sigue escribiendo por favor, sigue sigue sigue....hay grandes verdades en tus letras, revelaciones importantes. Muchos las necesitamos, leerte es como "volver a casa".

Aprovecho para decirte que me colé en tu blog y he tomado prestado lo que has escrito sobre la Recapitulación para colocarlo en el mío (citándote, of course ;). Creo que es la mejor "explicación" que he recibido sobre ella.

Acabo de leer la de la Forma y el Espíritu y me siento más cómodo empleando estos adjetivos. Tienes gran talento para re-nombrar, dar forma, luz... es genial.

Mil y una gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Yordán Rey Oliva dijo...

Querido Alex, no sabes la alegría que me ha dado que te hayas asomado por mi "ventana", gracias por lo que has susurrado en ella!!!

Esperaré con ansias de semilla dormida, el agua de sabiduría que desprendes, estoy seguro que no seré el único que beba de ella.

Yo sabía que este 2008 tenía por fuerza que ser bueno, eres una gran señal en el camino!!!

No demores mucho en escribir en tu blog, por fis... ;) escribe escribe escribe...... no dejes ni una sola voz sin ser canalizada, ni siquiera un susurro.... estaré esperando. Mientras iré apre(h)endiendo de lo que ya has escrito.

Un gran abrazo, desde ahora en deuda, sabes el porqué y sabes que no exagero.

Yordán

p.d perdona que sea tan impaciente,te doy mi palabra que una vez, en cierto ritual que hice antes de venirme de Cuba, enterré la impaciencia en el Bosque Almendares, creo que al final terminó por florecer :(( en vez de volverse tierra. Cosas de aprendices. ;)

Brisa dijo...

Espíritu , materia…y para mí de la maravillosa unión de ambos, consciencia. No sé si la materia sin espíritu puede ser consciente, pero a mí no me lo parece y el espíritu sin materia, francamente no lo sé. Incluso en un viaje astral o en algún estado alterado de conciencia la materia está presente aunque en segundo plano.
El espíritu necesita de la experiencia que le aporta la materia para desarrollar la consciencia, quizás como un salto a partir del pensamiento inteligente. El espíritu necesita materia VIVA para realizarse, expandirse y evolucionar, quizás donde hay materia viva hay necesariamente un desarrollo de la consciencia no importa a qué nivel.
Quizás nuestra prepotente torpeza humana nos hace subestimar la materia viva que nos rodea como si perteneciera a un orden inferior de existencia y simplemente se encuentra en un punto diferente de desarrollo. Quizás una forma de medir nuestro desarrollo de consciencia, nuestro desarrollo espiritual y nuestro aprovechamiento de la maravillosa oportunidad de beneficiarnos de la materia viva sea evaluar el respeto que mostramos hacia otras formas vivas que se desarrollan a nuestro alrededor. A fin de cuentas, ¿no es todo lo mismo? ¿Por qué separar la materia del espíritu? La vida misma nos enseña el absurdo de esa idea….separemos la materia del espíritu y acto seguido nuestra consciencia dejará de crecer y abandonará el proyecto, o lo que es lo mismo, eso que llamamos muerte.
Quizás lo interesante sería plantearse qué tipo de vida vivimos, una vida en la que nuestra atención se centra en lo orgánico, en la forma, en la apariencia material de nuestra existencia, o bien una vida en la que cada experiencia material nos ayude a desarrollar el espíritu, una vida “digna de ser vivida” una vida consciente, intensa, esa que cuando termine, cuando haya que recapitular, nos haga vibrar sintiendo que cada experiencia, cada momento en esta maravillosa Tierra que nos acoge ha tenido sentido.
Quizás ese momento en el que materia y espíritu se separen deba ser el más consciente, el que de sentido a esta increíble experiencia material que llena nuestros sentidos y engrandece el espíritu, el alma, el pensamiento o lo que sea que va más allá de nuestro cuerpo.
No puedo entender a aquellos que desprecian la materia como si fuera de un orden inferior. Cuando mi experiencia termine, (espero que dentro de mucho tiempo porque aún tengo mucho que aprender), me despediré con profundo agradecimiento de mi amada Tierra, con su magnífica materia, sus bosques, montañas, océanos, desiertos…que tanto han beneficiado a mi espíritu. Me despediré de todos los que me hicieron sentir alegría, dolor, rabia, plenitud… emociones que sin mi cuerpo, sin materia, no habría podido experimentar. Y después no tengo ni idea de qué ocurrirá, pero ¿qué más da? La increíble experiencia de haber sentido la unión de materia y espíritu habrá merecido la pena.

Feliz año, Alex. Sigue viviendo una de esas vidas que “merece la pena vivir” y por favor, sigue compartiéndola con nosotros. La material y la espiritual!!! Un abrazo.