17 diciembre 2007

Altena

Me parece que fue hace un siglo la última vez que escribí en este blog.
Pasaron muchas cosas, tantas, que me encuentro ya al otro lado del Atlántico en el corazón de Europa.
Mi partida de Argentina fue caótica, con una eterna postergación de la salida del vuelo a Madrid, complicaciones varias que me hacían dudar si alguna vez lograría llegar a España. Una vez en vuelo con más de 18 horas de atraso y un cansancio feróz, la incomodidad de estar sentado tantas horas se hizo notar. Creo que fue el peor vuelo de mi vida. Al llegar a Madrid una pelea para lograr que me reconocieran los billetes de la conexión a Jeréz de la Frontera que había perdido por la demora del vuelo original. Por suerte el empleado de aeropuerto que empujaba mi silla de ruedas era gay y muy expeditivo e hizo causa común y habló con algunos de sus amigos de la terminal para lograr que pudiera salir en el proximo vuelo de SpanAir a Jeréz.
Madrid estaba cubierta de niebla y eso demoró el vuelo unas 5 horas que se me hicieron insostenibles.
Tanto estrés y falta de horas de sueño cobraron su parte en problemas de intestino que no me dejaron relajarme mucho en Sevilla y que me obligaron a tener que permanecer los primeros días encerrado en el piso de Sevilla Este de la pareja de mi primo. Por suerte quedaban varios días más y pude hacer varios paseos y conocer lo más representativo de esa hermosa ciudad a la que me gustaría regresar con todas mis fuerzas y capacidades fisicas en funcionamiento.
El vuelo a Alemania desde Sevilla fue mucho más placentero pero también largo por el mal tiempo. Toqué suelo alemán cerca de las 0:30 am y todavía quedaba un trecho de más de 2 horas en coche hasta el pueblo de Altena, desde donde estoy escribiendo.
Llegar aquí fue un balsamo para mi alma y mi cuerpo. Un refugio de calma y serenidad a un ritmo más conocido para mí que el bullicio y movimiento de Sevilla y los aeropuertos.
El lugar consta de un conjunto de valles pocos profundos y estrechos zurcados por una carretera angosta rodeada de casas antiguas y bosques de hayas y robles.
La casa de mi primo es de 1689, con muros de piedra de más de 80 cms de espesor y un gran molino adosado sobre una de sus paredes. Antiguamente era un sitio donde se producía alambre. Altena fue famosa por ser el centro de producción de alambre y armaduras de la Europa medieval. Su fama no se ha ido pero si gran parte de sus habitantes que no suman más de 20.000 en ña actualidad. Gran parte de los 80 molinos y edificaciones destinadas a la producción de alambre y cadenas han sido reemplazados por una industria de fines del siglo 19. Hay un gran río que recorre el valle central con casas a sus márgenes y sobre las laderas de los cerros de poca altura. Sobre un lado las antiguas casas de los trabajadores, donde da el sol, mientras que de su margen opuesta pequeños palacios y casas de nobles sobre las laderas sombreadas que les permitía mantenerse pálidos como era la costumbre de entónces y que los distinguía como nobles y no meros trabajadores expuestos a las inclemencias del clima.
Me siento como si hubiera regresado a casa. No me siento en un país extranjero y nada tiene que ver con ser portador de un pasaporte alemán. Es algo que siento en mi interior y que carece de explicación racional.
La gente con la que me he relacionado hasta ahora ha sido muy afectuosa y demostrativa conmigo, algo muy diferente a la idea preconcebida de la frialdad de los germanos.
Ayer cumplí una semana desde mi llegada a Altena y parece que siempre hubiera vivido acá.
He conocido algunos familiares de cuya existencia desconocía. Me han relatado historias de esta rama de la familia que permaneció en Alemania durante la segunda guerra mundial, mientras que mis abuelos paternos emigraron a Argentina antes del inicio de la primera. Es toda una experiencia para mi.
El miércoles iré a ver ana mujer que trabaja con sanación y parece ser algo milagrosa y que sostiene que puede ayudarme a caminar mejor. Estoy algo ansioso por ver qué hae y cómo me siento.
Mis horarios cambiaron mucho de los de Bariloche. Me levanto temprano y me acuesto temprano también, nunca más tarde de la medianoche. La habitación donde duermo está decorada con muebles originales y de estilo neo-clásico y tiene una gran chimenea que suelo encender cuando puedo mientras me relajo y escribo o leo por la noche.
Aún no ha nevado pero afuera hace mucho frío y todas las noches cae una helada que deja un grueso manto de hielo sobre el jardín barroco de la casa y sus lagunas. Lamento no poder caminar para recorrer el bosque detrás de la casa, quizás en otra ocasión.
Esta semana me quedaré solo por unos dias mientras mi primo viaja a España a resolver algunos asuntos que tiene por allá. Será lindo poder estar solo en esta casa por unos días.
Ya escribiré cuando regrese de la visita a la sanadora el Miércoles.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

amiiiiigooooooo!!!! he estadopensando tanto en vos!!!! yate voya escribir como mereces que te lo haga.

me encanta que la estes pasando bien y vas a ver, como todas las cosas tuyas, va a salir bien lo de la sanadora germana.

te quiero mucho y te mando un fuerte abrazo a la distancia.

Tuty dijo...

Ahora deberás estar en plena sesión de terapia. Aprovecha Álex. ¿Has hecho fotos? De alemania sólo conozco Köln (Colonia), y el recuerdo es magnífico. Un abrazo y a proseguir con este viaje-aventura cuasi iniciático.