30 septiembre 2007

José, canteras y cuatriciclos...

En el año 2005, cuando empecé a desplazarme con la ayuda de un andador, año en que logré dejar parcialmente de lado la silla de ruedas, José, un amigazo mayúsculo, vino a buscarme con su cuatriciclo Honda para salir a dar unas vueltas en la nieve. Esa fue una salida espectacular que no volvió a repetirse sino hasta ayer, casi dos años después. Me resulta interesante el emna del paso del tiempo y la repetición de experiencias, como esta. Para aquél entonces, José tenía 16 años y yo 42, mientras que ahora él tiene 19 años y yo estoy por cumplir mis 45. En el transcurso de estos meses pasaron muchas cosas en la vida de la familia de José, situaciones que no vienen al caso, pero nunca se perdió ni se ha debilitado la amistad que tengo con esta gente tan querida por mi, menos aún con José que al ir creciendo permitió que pudiéramos hablar abiertamente de otras cosas y nuestra relación se estrechara cada vez más en intimidad y ensanchara proporcionalmente en confianza mutua y afecto.
La semana pasada José me llamó desde la salida de su colegio para avisarme que vendría por mí para salir a dar unas vueltas en el cuatriciclo, pero yo estaba tan metido en el arreglo de una computadora que no quise dejar el trabajo de lado y tuve que descartar la invitación. El no sonó muy complacido con mi decisión y hasta insistió un par de veces pero por mas que me hubiera gustado aceptar, no podía dejar asuntos de lado.
Ayer me llamó una vez más desde su celular a la salida del colegio para repetir la invitación, esta vez un poco más firme sin darme oportunidad a negativas, para salir a dar vueltas en el Fourtrax. Claro que esta vez no pude -ni quise- decir que no y acepté de muy buena gana.
Al cabo de una hora estaba en la puerta de casa, con su sonrisa encantadora y listo para llevarme rumbo a la aventura.
Me hacen muy bien este tipo de salidas, de las que tengo muy pocas porque por lo general me levanto en mi cuarto y me acuesto nuevamente, sin salir del mismo, más que para iar al baño a vaciar la bolsa colectora de orina o cargar mi jarra de agua. Mi vida tuvo que adaptarse forzosamente a otras prioridades y ritmos... muy diferentes a los que hay en mi espíritu y eso es el verdadero desafío que enfrento. Lo de la minusvalía de desplazamiento es algo así como el vehículo.
Bien, lo cierto es que afuera el Sol brillaba cerca de las 18 hs y estaba cálido, unos de los primeros días cálidos del inicio de la primavera de este hemisferio sur. No dudé en apagar el monitor y dejar la mula trabajando y saltar a abrazar a José y sentir su siempre apretado y cálido abrazo amigo, cargado de tanta emotividad que me hace tan bien.
Salimos para la pista de motocross a dar unas vueltas. Yo, agarrado de su delgada cintura y él con su cabeza torcida mientras me hablaba y ponía al tanto de sus logros en el colegio y otras cosas.
Pronto nos encontramos en el mismo sendero de montaña que dos años atrás, cruzando el mismo vado de agua y sorteando uno que otro obstáculo de ramas o árboles caídos, consecuencia de las grandes nevadas de este invierno. Al llegar al campo de motocross, dimos unas vueltas y me preguntó de ir a visitar una cantera de arena y piedra a la que había visitado un tiempo atrás. Sin saber de qué se trataba y con absoluta confianza en él, asentí con la cabeza y un sí que fue llevado por la brisa del momento.
Él llevaba la conducción del cuatri y yo iba atrás sentado sobre un almohadón que amortiguara y protegiera mi trasero de las irregularidades del suelo.
Cruzamos un par de rutas mientras hablamos de varias cosas. Desde un costado del camino principal, José desvió el cuatri hacia una gran estructura metálica que canalizaba el agua de un arroyo de deshielo. El desnivel era de más de 4 metros de altura y con gran habilidad y confianza, deslizó el cuatriciclo por la resbaladiza estructura de metal hasta descender en una estrecha huella de ripio al borde de una caída vertical muy pronunciada. De haber tenido la fuerza de Superman, hubiera dejado la marca de mis dedos hendida en la parrilla metálica de la que me estaba sujetando en ese momento.
Mi pregunta inmediata era cómo íbamos a subir luego para salir de ese cañadón al que habíamos descendido. José se rió abiertamente de mi ocurrencia y con toda calma respondió: "subiremos por aquí, no hay drama" Creo que pasaron unos segundos hasta que pudiera procesar la información de lo que acababa de escuchar pero después, conociendo su tendencia a las bromas, supuse que se trataba de una de ellas. Tiempo más tarde descubrí que no era así.
Deambulamos entre senderos improvisados entre un denso bosque de pinos, con ramas caídas y otros arbustos, hasta dar con una amplia cantera de piedra y arena, de verticales precipicios a los que José se acercaba demasiado para mi gusto y comodidad. Tomé la experiencia como una herramienta para actualizarme con la adrenalina del riesgo y peligro, a la que tanto estaba acostumbrada de más jóven. no le hice ningún comentario sobre lo que pasaba por mi cabeza pero cada tanto no podía evitar dejar salir un "cuidado" o un "wow" y cosas así. En más de una ocasión sentí miedo e inseguridad y eso no me hizo mucha gracia para mis adentros, pero confiaba plenamente en José y su criterio personal. Sé que jamás haría nada que me pusiera frene a un peligro real, pero también reconocía que su Marte en Aries es algo temerario.
llegamos frente a un gran portón de hierro completamente desvencijado pero sujeto con una gran cadena y un fuerte candado. Yo venía manejando el cuatri desde hacía un tiempo mientras José filmaba con su celular Nokia y hacía comentarios y bromas sobre mi y el paseo. Allí recordé que estábamos dentro de un predio cerrado del que no había más que una sola salida y era por donde habíamos entrado. Traté de convencer a José para que me ayudara a bajar del cuatri, pararme junto a uno de los postes del portón de hierro y esperarlo allí mientras él hacía la difícil maniobra de escalar la aguda pendiente por la que bajamos y sobre todo, subir sobre la estructura metálica en forma de arco que canalizaba el arroyo que cruzaba bajo la ruta.
Si hay algo que tengo que reconocer de José -y en lo que nos parecemos- es que cuando se le mete algo en la cabeza y supone es lo correcto, no hay quien lo pare.
De mala gana pero a su vez en tono de broma, acepté regresar por donde habíamos bajado. Yo conducía el Fourtrax y él iba sentado en la parrilla delantera. Llegamos al punto de subida y mi corazón casi se detiene de miedo. Él no dejaba de darme apoyo y seguridad, pero mi cabeza no paraba de pensar que habían sido 5 años de lucha para salir de una parálisis total y silla de ruedas de por vida y que no quería poner eso en riesgo por un estúpido accidente por imprudencia. Las posibilidades eran altas de que el cuatriciclo diese una vuelta en campana y los dos cayéramos por el barranco o, peor aún, quedar aplastados por la mole de hierro con quien sabe cuántos huesos rotos. Me puse firme con José y traté de hacerle comprender que yo no estaba en condiciones de poder caminar sólo, que mi viaje a Europa estaba próximo y que no quería ponerlo en riesgo por una azaña adolecente a mis casi 45. No hubo caso de convencerlo. Él siguió con su habitual confianza y queriendo proyectarla en mí.
-Mirame, me decía. Yo estoy acá y no dejaré que nada te pase. Por favor, confiá en mi.
Yo sabía que sentía cada palabra que salía de su boca, pero al mismo tiempo no podía dejar de pensar en una solución más cómoda para mí. Sentí que me estaba presionando para pasar por una experiencia para la que no estaba preparado.
En décimas de segundos mi mente se disparó a otras situaciones de la excursión de ese día con José en la que sentí miedo y me sentí inseguro. No por él o lo que hubiera hecho, sino cosas que tenían que ver conmigo. Me recordó el pánico abismal que sentía al pasar de la cama a la silla de ruedas al poco tiempo de haber quedado paralítico y no tener control de mi cuerpo. Una angustiante sensación de desprotección, de absoluta "invalidez" frente a la vida. Es muy difícil poder explicar lo que se siente si no se ha vivido la experiencia. Recuerdo que yo mismo he puesto a otras personas con panico total, a cruzar piedras y acantilados, cascadas con precipicios o entrar al recinto con 4 pumas salvajes y decirles, todo estará bien, no temas.
José estaba haciendo lo mismo conmigo y me sentí en la otra vereda y me dió la confirmación sobre lo infundado de los miedos y también me hizo comprender que mucho de lo que sostenemos como creencias, son puro ruido intelectual, que frente a la experiencia es donde podemos ver y darnos cuenta dónde estamos parados.
Hoy vino José a visitarme porque anoche se quedó dormido después de cenar, mientras su madre y yo junto a otros amigos, jugamos a las cartas hasta las 2 de la mañana. En a paz de su sueño pude darme cuenta el esfuerzo y tensión que él sintió frente a lo que pasamos juntos esa tarde, ese dilema de poner o no la vida de otro en riesgo por una decisión personal, de un otro por el que tienes un profundo afecto y amor.
Esa salida con José fue toda una experiencia reveladora sobre mi posición actual frente a la vida y he descubierto que mi invalidez no ha sido sólo física sino de confianza y seguridad frente a la vida y sus situaciones. Es algo que ha sucedido sin darme cuenta. José me ayudó a tomar consciencia de esto, lo hiciera o no a consciencia, es lo que ha sucedido.
En su visita de hoy compartimos cosas, charlamos, nos reímos, me enseñó sitios nuevos para bajar archivos de la red, hablamos... después me ofrecí acompañarlo a dejar unos equipos para una fiesta y de allí terminamos en un paseo por el centro, en auto, mirando, hablando, boludeando y tomando un helado juntos en Tante Frida, al final de la calle Mitre. Sin darnos cuenta pasaron las horas hasta que anocheció. Es increíble que dos personas de mundos aparentemente diferentes puedan tener una conexión tan copada. Me refiero a sus 19 años y mis casi 45. Cuando estoy con José siento que la edad no existe, que él puede tener 44 o yo puedo tener 20, la sintonía siempre está presente. Es genial la sensación de ausencia de tiempo y ver cómo las almas y las mentes pueden latir más allá de ello.
Después de un tiempo de idas y venidas sobre la subida, José se bajó del cuatri y empezó a empujarlo desde atrás mientras, sin darme tiempo a pensarlo, me daba indicaciones de cómo afrontar el desafío con éxito. Yo seguí su guía y todo pasó muy rápido. Yo sentado en el fourtrax mientras el aceleraba con su dedo y guiaba la subida con indicaciones firmes y seguras que yo seguí sin dudar ni cuestionar. De golpe una enorme paz y calma me invadieron y supe que estaba todo bien, que nada sucedería y me entregue por completo a su mando y pericia.
Al cabo de unos segundos estábamos en la ruta y la dificultad había quedado superada.
José se lanzó sobre mi en un apretado abrazo que respondí sin dudar. Lo habíamos hecho!!
Susurró unas palabras en mi oído sobre estar consciente de mi esfuerzo por caminar, mi parálisis y mis miedos. Lo abracé más fuerte aún y sentí una fuerte energía de amor que fluía entre nosotros. Esa sensación me acompañó toda la noche. Fué una experiencia inolvidable en términos de lo que se estaba poniendo en juego por parte de cada uno en ese momento.
Mientras tomábamos un helado esta tarde, él me recordó algo que se me había pasado por completo de algo que me dijo antes de subir: "acordate cuando eras pendejo". Cuánta sabiduría en esas palabras!
Siento que hay una fuerte conexión entre José y yo, una amistad que durará el resto de nuestras vidas.

3 comentarios:

Lisandro Moises Enrque dijo...

amigo!!!! e emocione mucho de verte!!! en serio!!!! no se me borraba la sonrisa d ela cara y no me perdi linea del escrito de hoy!!!

cuanta alegria! cuanta vida!!! soy feli zpor vos, my feliz, te quiero mucho sabias??? me alegroe dl dia verte en el vieo tan bien, cuanta alegria!!!!

Tuty dijo...

:-) bonita excursión y fantástica amistad. Eso es VIDA. Un abrazo Alex ;-)

Pablo dijo...

Je! Te comprendo perfectamente, querido Alejandro, pero yo aún no lo superé! Cómo es posible? Será porque yo no tengo la experiencia que tú tienes de haber andado y de confiar en tu propio cuerpo? Anoche mismo estuve pensando en esas cosas y me da un miedo...a ver si José te acaba de enseñar y me enseñas tú a mí, vale? Cuánta energía ariana hace falta en el mundooo! Me alegra verte así, ya lo sabes, te lo mereces!!! Gracias por compartir algo tan intenso, emocional e íntimo con el resto. ;o)