06 mayo 2007

Eric Rolf

Cada tanto se hace algún seminario como la gente en Bariloche. No es lo más común porque estamos muy en el culo del mundo, pero cada muerte de obispo alguien se anima a traer alguno de estos personajes de renombre internacional dentro de lo que es el conocimiento y la vida espiritual, como en el caso de Eric Rolf.
Este hombre de orígen norteamericano pero con domicilio permanente en Málaga, España, es uno de los exponentes más sobresalientes en la búsqueda de conocimiento de los años 70, por allá en la epoca de la psicodelia, un pionero en el tiempo del reflote de las habilidades de la mente para la cultura occidental, contemporáneo de Uri Geller, se acuerdan? del doblador de cucharas de los sábados de Mancera?
Bueno, la cosa es que lo trajeron a Bariloche y quien lo hizo posible me llamó para invitarme a ir. No lo dudé un instante y acepté sin considerarlo demasido. El seminario era sobre la técnica de autosanación que describe en su libro La Medicina del Alma. Un trabajo semejante al de Rüdiger Dahlke, uno de los autores de La Enfermedad como Camino, pero con una vuelta de tuerca.
Dada mi situación, qué mejor que tener a alguien que me ayude a descubrir qué hay detrás de todo lo que me ha pasado y cómo acelerar el proceso de recuperación. Resumiendo, la cosa resultó mejor de lo esperado.
La primera mitad del seminario estuvo muy buena y sorprendente a su vez. Había más de 80 personas, muchas de las cuales eran clientes y conocidos míos que me hicieron sentir como en casa con sus atenciones y salutaciones y afecto abiertamente declarado. Aún tengo en mi memoria las expresiones de sorpresa y alegría de la gente al verme bajar por las escaleras sobre mis dos piernas, despacio y tembloroso, pero sobre mis dos piernas...
Durante el intervalo se acercaron algunos a mi silla y nos pusimos a charlar. Basicamente me puse a hablar yo y contarles de mi experiencia. Algunos que no me conocían y que estaban cerca, disimuladamente trataban de escuchar mi relato y conclusiones. Había una mujer que no conocia pero que su energía me encantó y supe después que se llamaba Monsi, que me escuchaba con atención. Al cabo de un rato de relatar mis percepciones de las fichas que hasta el momento me habían bajado sobre mi situación, ella abrió la boca y empezó a hablarme con un tono firme, sereno y con autoridad indiscutible, esa autoridad del que sabe y tiene certeza sobre lo que dice y el conocimiento que maneja.
Todo su relato sobre el por qué de lo que me pasó y en qué situación me encontraba ahora, no pudo ser más preciso y certero. Desde lo lejos, Eric trataba de estar presente de esta reunión improvisada, mientras firmaba libros a los varios participantes que lo rodeaban. Yo estaba en la segunda hilera de sillas y pocos metros nos separaban. Cruzamos nuestras miradas mientras Monsi seguía hablando y me guiñó su ojo derecho para después sumergirse enla tarea de autografiar libros.
De golpe me di cuenta que sólo habíamos quedado Monsi, Silvia, la organizadora y yo. Entendí perfectamente lo qe Monsi me explicó y supe sin duda alguna que estaba en lo cierto. Fue una experiencia que me sacudió porque ella me relató pensamientos que había tenido antes de la parálisis cuando vivía en Orlando. Ella había sido capáz de poner orden a cosas a las que no había sido capaz de contextuar hasta el momento.
La segunda parte del seminario no fue de mucho interés para mí y se me hizo largo pues era conocimiento quye manejo pero que era necesario y no muy sabido para la gran mayría de los presentes, sobre física cuántica, teoría de cuerdas, de memebranas, de materia oscura, etc.
Terminó el seminario después de casi 6 horas y apareció mi hermana que había ido a buscarme. Me pidieron esperar para presentarme a Crystal, la mujer de Eric y a él mismo.
Mientras esperaba a que se desocuparan, se me acercó un cliente mío, empresario importante, quien mostró interés por mí y mi situación y ofreció presntarme a Monsi, le conté parte de nuestro encuentro y él sugirió que empezara una terapia con ella. La idea me pareció genial y pedí por ella, se acercó sonriente y cambiamos teléfonos para acordar empezar una rutina de trabajo desde su línea para poder desbloquearme y recuperarme mejor.
Crystal se me acercó sonriente y charlamos un rato. Le conté de mi viaje a Europa a fin de año y respondí a algunas de sus preguntas sobre mi vida y actividad. Se mostró interesada y acordamos reunirnos con Eric en Sevilla para una cena juntos y ver qué podíamos organizar una vez yo allá.
Me preguntó si me habían presentado a Eric, le dijo que no. Se acercó a él y fuimos introducidos oficialmente. Ella lo participó de nuestro acuerdo de cenar en Málaga y él se mostró muy complacido. Mi hermana aguardaba unos metros más allá. Me despedí por el momento y prometí escribirles y mantener el contacto.
Miré las escaleras por subir y el esfuerzo que ello representaba, pero dentro, había una fuerza renovada, una sensación de éxito y plenitud. Ví como varias de las personas allí presentes me miraron y saludaron con afecto, otros se acercaron a ofrecer su ayuda. Me sentí querido y cuidado. Fue una buena tarde.

3 comentarios:

Tuty dijo...

Está muy bien juntarte con personas que comparten los mismos puntos de vista que uno y más interesante todavía si se conoce a alguien que te regenere tu propia energía. Yo personalmente lo echo de menos, aunque para no mentir debería decir que debo bucear en la red en sitios como éste para poder vislumbrar algo más aparte de lo mundano y cotidiano.
Un saludo :-)

Alex dijo...

Hey Tuty!!!

Qué grato saludarte y tu visita.
Recibe un gran abrazo desde el Sur.

Anónimo dijo...

Que fantastica experiencia, Gerard.
Me imagino esa sensacion de plenitud, alegria, excitacion y paz al mismo tiempo................
Que bueno por vos!!!
y.........saberte caminando....buenisimo.......
Un beso enorme.........sara