19 abril 2007

Un poco de amor

Entraba y salía del sitio sin demostrar un interés real en lo que hacía.
Movía su mano de forma monótona y automática, sin pensar en lo que sus dedos hacían sobre el mouse. Sus ojos absortos y perdidos en los textos que no leía pero que recorría con la mirada como si de verdad le interesaran.
En la esquina superior del monitor un destello titilaba en letras diminutas de un rojo intenso. Un nuevo mensaje había llegado a su casilla mientras deambulaba sin rumbo entre las incontables páginas repletas de fotos y perfiles de desconocidos que raramente llegaría a contactar.
Los ojos se desviaban apresurados y con insistencia entre las diminutas fotos y las letras destellantes que anunciaban la llegada de un nuevo mensaje en su casilla de correo.
Cansado por el aburrimiento y la monotía de este ritual cotidiano, se apresuró en cerrar la ventana. Instintivamente y sin pensar volvió a lanzar otra ventana del navegador para regresar al sitio del cual había salido. Acababa de darse cuenta de que en su ensimismamiento, no había leído el mensaje recibido.
Era un guiño, un filtreo electrónico de alguien que, como él, navegaba sin sentido las páginas en busca de ese compañero y amigo especial.
Con la misma monotonía de antes abrió el perfil de este extraño, suponiendo que lo borraría sin siquiera responder. Supuso que sería otro de los tantos contactos que no superan el segundo o tercer intercambio electrónico.
El perfil estaba decorado por frases y descripciones de interés espiritual. Bajo la sección de intereses se leía - yoga, rei-ki, meditación, naturaleza, reunión con amigos (incluso animales)-
Habiendo estado casi toda su vida de adulto relacionado con temas semejantes, estó lo sacudió lo suficiente como para sacarlo del piloto automático en el que estaba, acomodar su cuerpo en la silla y mirar con más interés el perfil en cuestión.
Arriba a la derecha estaban los datos personales y una foto de alguien que no superaba los 22 años de edad. Una mirada intensa enmarcada en una sonrisa pura y franca, de esas que no se ven con frecuencia en la cara de la gente. Sus ojos traslucían una mezcla de antigüedad, sapiensa e inocencia con toques de ingenuidad y ternura. Una expresión de apertura a la vida. Una apertura espontánea, descuidada y firme...
Tiene menos de 25, sentenció casi con envidia.
Dentro, su corazón empezaba a latir con más fuerza. Notó la diferencia en ritmo y volvió sus ojos a la foto para profundizar y fundirse en esa mirada sonriente. Intentó desentrañar un misterio inexistente que intuía en ese ser que lo había contactado a él, justo a él en ese momento.
Pasó el tiempo sin que pudiera darse cuenta ni reaccionar a lo que le estaba pasando. ¿Sería acaso posible que se sintiera atraído por esa foto? ¿Qué veía en esa mirada y esa sonrisa que lo remontaban a otros tiempos? Sin dudas le gustaba y se sentía hipnóticamente atraído por ese jóven. Había algo especial en él y estaba dispuesto a descubrirlo.
Una sonrisa acompañaba ahora su rictus y la tibieza se apoderaba esperanzada de su corazón. Eran buenas señales a las que estaba desacostumbrado.
Los años anteriores no habían sido favorables para él. Su cuerpo le había jugado una mala pasada y aún estaba recuperandose del golpe recibido más de cuatro años atrás cuando quedara paralítico por una tonta infección medular. Para él, y bajo su dura forma de ver las cosas, las oportunidades de un enamoramiento eran historia, casi ciencia ficción. Hundido en su amargura y dolor de verse privado de la más grande promesa que la vida tiene para dar, había logrado convencerse de su suerte para mitigar el dolor y sufrimiento que ello era para él.
Siempre fue un ser sensible capáz de identificarse con el dolor ajeno como si fuera propio. Su empatía trascendía toda las barreras intelectuales y sociales, cosa que nunca aportó mucho de soltura y alegría en su vida. Es como si llevase el dolor de la humanidad sobre sus hombros sintiéndose obligado a hacer algo para calmar ese dolor colectivo.
Sin dudarlo respondió al filtreo electrónico. Casi de inmediato, luego de enviar su respuesta, la duda le asaltó. Se descorazonó, un poco como mecanismo de defensa contra el dolor al rechazo o la posible ausencia de respuesta, otra al tomar consciencia de su realidad.
Si acaso recibiera respuesta alguna, ¿qué haría? ¿cuándo contaría su realidad? ¿Y si era rechazado por su discapacidad? Estas eran preguntas que lo invadían de continuo cada vez que podría surgir una oportunidad de ir más allá con alguien que le atrajera. Nunca fue tan consciente de sus miedos e inseguridades hasta enfrentar las limitaciones de su cuerpo. Se reprochaba en silencio el desprecio que siempre sintió por el cuerpo y lo que simbolizaba en el juego de conquista y seducción. Ahora las cosas habían cambiado en su contra y lo forzaban a valorar aquello de lo que siempre renegó. Solía decir que el cuerpo y la apariencia no eran necesarias en un acto genuino de amor. Pensaba que el cuerpo era un instrumento que limitaba las verdaderas posibilidades del alma y se eufanaba de su forma de razonar. Su indiscutible capacidad intelectual y locuacidad lo enajenaron de la realidad sin que pudiera advertir lo que estaba atrayendo sobre sí.
Ahora tomaba consciencia del valor que lo físico, la estética y el buen funcionamiento tenían en esta sociedad a la hora de jugar a la conquista y seducción.
Los días pasaban y él entraba día tras día en busca de una respuesta a su devolución electrónica. Nada llegaba. La idea de una respuesta lo obsesionó y se consolaba mirando hipnotizado la foto del pefil de ese jóven desconocido. Creaba imagenes mentales de cómo sería, del sonido de su voz, su andar.
Releía una y otra vez el perfil en busca de un detalle, algo, cualquier cosa que pudiera acercarlo más y le diera ventajas a la hora de la respuesta esperada. Su orgullo intelectual le estaba haciendo creer, como otras veces, que con la mente todo lo podría...
Al cabo de una semana de silencio, una mañana mientras sorbía un café amargo, la ansiada respuesta llegó. No mediaron muchas frases.
- Ciao!, agrégame a tu MSN y hablamos cuando esté en línea. Estoy contento de que me respondieras. Luz, paz y felicidad!
Él no salía de su asombro y felicidad. Algo tan simple e incierto había tenido el poder de despertar la esperanza y el entusiasmo una vez más en su corazón.
Día tras día entraba al MSN esperando el aviso que anunciara "Sundance acaba de inicar sesión".
Nada sucedió durante un par de días pero la expectativa y ansiedad le habían devuelto la alegría y entusiasmo que había perdido junto con su capacidad de caminar. Era consciente de que estaba alimentando una ilusión, una fantasía, pero era lo único que tenía para emprender la lucha y sostener el esfuerzo de retomar su descuidada rehabilitación. Tenía un motivo, un objetivo que alcanzar y no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad.
"Sundance acaba de iniciar sesión" anunciaba el aviso celeste del MSN.
¿Le escribo? -pensó.
No, mejor espero a que él me contacte y así no demuestro mi ansiedad - se respondió.
Unos segundos semejantes a una eternidad transcurrieron en silencio.
-Amarantine, te gusta? Rezaba la ventana del messanger.
Amarantine? - pensó él. Qué es eso?
¿Qué es? - preguntó.
- Música, respondió él del otro lado.
De inmediato buscó el album en la mula y se dispuso a bajarlo. Era de Enya. Eso le recordó otros tiempos en Buenos Aires en que era coordinador de estudios de la casa central y una sucursal de Fisk, por allá a principio de los 90.
Su mente recibió un torrente de imagenes y recuerdos, situaciones vivídas, emociones sentidas, tiempos pasados y marcados a fuego en su piel. Una epoca de enamoramientos y promesas futuras.
Sus cabilaciones se vieron interrumpidas por el timbre de un teléfono que sonaba obsesionado. Era una invitación a una videoconferencia. Canceló la Mula para disponer de mayor ancho de banda y mejor comunicación. Al cabo de unos instantes la cara de él apareció en el monitor.
No era la misma cara de la foto que tanto había escudriñado, casi hasta el hartazgo, en el perfil del sitio donde le conoció. Quedó impactado al verle.
Un gran mueble de madera se imponía como telón de fondo tras su imagen. Era evidente su esfuezo por evitar mirar de lleno a la cámara. Su atención parecía ser absorbida por otros intereses distintos de su presencia y eso le hizo dudar.
Un par de frases abruptamente emergieron en la ventana del chat. Nada interesante, nada diferente, nada especial. La decepción se apoderó de él de inmediato. No podia dejar de recriminarse su gran estupidez en haber puesto expectativas sobre algo que no tenía asidero alguno desde su inicio. Sintió su discapacidad como grillete sobre tobillos sangrantes. Lloró en silencio su suerte...
Otra frase irrumpe sus cabilaciones: - Te hago rei-ki?
Claro -escribió apurado.
Pasaron los siguientes cinco minutos haciendose rei-ki a distancia mutuamente. La experiencia fue cumbre, insólita y veráz.
Acercó su rostro a la cámara, tras una sonrisa tímida le lanzó un beso y regresó su mano al pecho mientras cerraba sus ojos en gesto de reverencia y gratitud.
El sintió un amor profundo que invadió su pecho. Sundance escribió: - ¿vas a seducirme?
No supo que responder. Ninguno de los dos habían hablado de preferencias sexuales. El sitio de donde se contactaron estaba abierto a todo tipo de relaciones y estilos de vida. Fue una sorpresa grata y amarga a la vez.
Sintonizaron en ese extraño lenguaje de cosas sobreentendidad que no necesitan ser esclarecidas ni explicadas. La conexión fue instantánea y no necesitaba de mediar palabras.
Él no pudo evitar intelctualizar la situación y trató de buscar en su mente todo el arsenal posible que diera orden a lo que acababa de experimentar. Le pidió sus datos natales para encontrar justificación en la posición de los planetas de su carta natal. Al levantar el tema astral mientras Sundance esperaba distraído del otro lado de la cámara, su asombro fue mayor y lo desconcertó más aún. ¿Sería posible que hubiere encontrado su alma gemela? ¿Sería posible que Sundance fuera ese gran amor de su vida anterior por quien murio?
Todo era cuestión de interprataciones subjetivas, pensó. Su corazón desbordaba de su pecho a cada instante que miraba el monitor y veía la imagen distraida y jovial de Sundance al otro lado.
Estudiante de Psicoclogía, amante de la música, el misticismo y desarrollo personal, practicante de Hatha Yoga, Meditación Trascendental, Rei-Ki Usui, Sanación y armonización de chakras, a la sóla edad de 22 años!
Hablaron por varias horas absortos el uno por el otro. Todo parecía una gran ilusión orquestada por el mejor mago del planeta, pero ellos no dejaban de recordar su pasado, sus emociones, sus vivencias como si se tratara de experiencias de la semana pasada o de sólo un par de horas atrás.
Están siendo consumidos por la situación, desconcertados por un futuro incierto entre ellos debido a la diferencia de edad y situaciones de vida.
Él aún no se anima a sincerarse sobre sus dificultades motrices de momento. Sundance no para de anhelar encontrarse y abrazarse en apretado encuentro cuando él viaje a Europa a finales de este año.
Durante más de una semana se encuentran día tras día en interminables sesiones de videoconferncia repletas de sentimiento y redescubrimiento. Faltaría a la verdad si no dijera que ambos están repletos de dudas y temores. En su italiano natal Sundance le escribe parafraseando a Elisa:
A un passo dal possibile... paura di decidere, paura di me, di tutto quello che non so.

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