15 febrero 2006

El Calendario

Durante milenios la humanidad necesitó de un sistema fiable para llevar registro del tiempo para saber cuándo plantar las cosechas, mantener registro de las fechas sagradas, etc.
Las sociedades necesitan alguna forma de llevar un registro del tiempo y así se desarrollaron complejos calendarios (palabra que viene del termino romano para el inicio del mes) en la temprana historia de la humanidad. En las sociedades agrícolas, el ciclo estacional del Sol era crucial, pero para períodos más cortos el ciclo Lunar también lo era. Históricamente el problema es que el año no contiene un número entero de días o meses. El intervalo entre sucesivos equinoccios vernales (365.2424 días), es cerca de 11 minutos más corto que 365 1/4 días; el período sinódico de la Luna (el tiempo entre sucesivas lunas llenas o lunas nuevas) es cerca de 29.5 días, y por ello 12 meses suman 354 días. Construir un calendario que incorpore ambos movimientos, del Sol y la Luna, no es una tarea fácil.

Los calendarios egipcios fueron quizás la solución más simple. El año se hizo de doce meses de 30 días cada uno y se agregaban 5 días al final de cada año. Esto representaba un error de cerca de 1/4 de día por cada año. El día de inicio de cada año sucesivo se corría lentamente hacia adelante respecto de las estaciones hasta que después de 1460 años regresaba al punto de partida. Las crecidas del Nilo, el evento más destacado en el ciclo agrícola de Egipto, se predecía por la elevación de Sirio, la estrella más brillante del cielo y no se le prestaba ninguna atención a la Luna.

La mayoría de las culturas del antiguo Cercano Oriente se apoyaban en un calendario en el que los meses tenían duraciones variables de 29 y 30 días y agregaban un mes cada 3 años. De esta forma, en el antiguo Israel, los ancianos agregaban un mes extra de 29 días cada tercer año luego del sexto mes (Adar). Pero estos 29 días no compensaban por completo el déficit de 3 x 11 1/4 días y por ello, en algunos años se agregaban dos meses completos.
En las ciudades estado griegas, los meses se agregaban caprichosamente según se necesitaban y no había un sistema consistente de intercalación.

El sistema más sofisticado de mantener tanto el movimiento de la Luna como del Sol en un mismo calendario se desarrolló en Mesopotamia. Para el período Persa, el sistema incorporaba el llamado ciclo Metónico (nombrado así por occidente por el griego Metón, 425 a.C.) en el que se usaba la siguiente relación: 19 años solares contienen 6939 3/4 días; 110 meses de 29 días más 125 meses de 30 días, sumando 6940 días. 19 años, entónces, contenían 235 meses y empezando en el 499 a.C (de nuestro calendario), el calendario en esa parte del mundo era regulado en un ciclo de intercalar 7 meses extra en 19 años, en el que un guión indicaba un año de 12 meses y los números romanos VI o XII indicaban un año en el que un mes era agreagado luego del 6to o 12vo mes:

- - XII - - XII - XII - - XII - - XII - - VI - XI

Luego de algunas irregularidades, empezando en el 384 a.C., este esquema fue adoptado rigurosamente mediante las conquistas griegas y romanas, hasta el 75 de la presente era en que cesaron los textos cuneiformes.

Por conveniencia, el mes era subdividido en períodos más cortos. Los griegos dividieron los meses en tres períodos de 10 días, pero una división del mes en siete días ya existía y era más antigua y común en el Cercano Oriente. También se encuentra la división en 7 días en el Génesis. El nombre que le damos a los días de la semana tienen su orígen en la división del día en 24 horas, que se originó en Egipto. En el período Helenístico (300 a.C - 100 a.C) se hizo común asignar un planeta regente (incluyendo el Sol y la Luna) a cada hora del día. El orden común de los cuerpos celestes era Saturno - Júpiter - Marte - Sol - Venus - Mercurio - Luna. A la primera hora del primer día se le asignó al Sol, la segunda a Venus, la tercera a Mercurio, etc., repitiendo el ciclo en el orden dado arriba.
La hora 24 era entonces asignada a Mercurio y la primera hora del segundo día a la Luna. Nombrando los días según los planetas regentes de la primer hora, llegamos a la secuencia de:
el día del Sol, el día de la Luna, el día de Marte, el día de Mercurio, el día de Júpiter, el día de Venus y el día de Saturno, correspondiendo con los nombres latinos actuales de Domingo, Lunes, Martes, etc. Las variaciones inglesas modernas de estos nombres son debido a los dioses Nórdicos o Sajones para alguno de los dioses Romanos: Tiw para Marte (Twesday), Wotan para Mercurio (Wendesday), Thor para Júpiter (Thursday) y Frigg para Venus (Friday).

Nuestro método civil actual de medir el tiempo tiene orígenes mixtos. Nuestra división de la hora en minutos y éstos en segundos se deriva del sistema sexagesimal de la mesopotamia; la división del día en 24 horas se originó con los Egipcios; la semana de 7 días se originó en el antiguo Cercano Oriente, mientras que los nombres se derivaron del Griego desarrollado durante el período Helénico. Nuestro calendario está basado sólo en el movimiento del Sol, pero nuestros distintos calendarios religiosos están basados en la combinación del movimiento del Sol y de la Luna. Nuestro calendario civil se deriva de los Romanos con algunas modificaciones. Su orígen está muy bien descripto en el artículo "Calendario" de la 11ra edición de la enciclopedia Británica (1910), que dice en parte:

" El calendario civil de todos los países europeos (y americanos) fue prestado por parte de los Romanos. Romulus se dice que dividió el año en diez meses solamente, incluyendo todos los 304 días, y no es muy bien sabido cómo se disponían los días restantes. El antiguo año Romano comenzaba con Marzo, como se indica en los nombres de Septiembre, Octubre, Noviembre, Diciembre, del que se mantienen los últimos 4 meses. Julio y Agosto, por otra parte, eran antiguamente denominados Quintillis y Sextillis, sus apelaciones actuales fueron otorgadas en honor a Julius Caesar y Augustus. En el reinado de Numa se agregaron dos meses al año, Enero al comienzo y Febrero al final, y este arreglo permaneció hasta el año 452 a.C., cuando los Decemvris cambiaron el orden de los meses y colocaron a Febrero después de Enero. Ahora los meses consistían en doce de 29 y 30 días alternados para corresponder con la revolución sinódica de la Luna (Luna llena o Luna nueva), así el año contenía 354 días. Pero se agregó un día para hacer el número impar, que era considerado de buena suerte, y así el año consistió en 355 días. Esto difería del año solar en 10 días completos y fracción, pero para restituir la concordancia, Numa ordenó intercalar un mes adicional cada dos años entre el 23 y 24 de Febrero, consistiendo en 22 y 23 días alternadamente, de este modo 4 años constituían 1465 días y la duración total del año era consecuentemente de 366 y 1/4 de días. El mes adicional se lo llamó Mercedinus o Mercedonius, por merces, salario probablemente porque el sueldo de los trabajadores y los domésticos se abonaba en esta epoca del año. Según el arreglo de arriba, el año era demasiado largo por un día, lo que implicaba la introducción de otro ajuste. Mientras se acumulaba el error a 24 días en la misma cantidad de años, se ordenó que cada tercer período de 8 años, en lugar de contener 4 meses intercalados, sumando en total 90 días, debería contener sólo 3 de esos meses, consistentes en 22 días cada uno. La duración del año era reducida entonces a 365 1\4 días; pero no se sabe bien a ciencia cierta en qué época los períodos actenios, tomados de los Griegos, fueron introducidos en el calendario Romano, o si acaso fueron seguidos estrictamente en algún tiempo. Ni siquiera parece que la duración de los meses intercalados siguiera algún principio regulado, ya que el poder de discreción era dejado en manos de los pontífices, a quienes se les había adjudicado el cuidado del calendario. Este poder fue abusasdo para servir a objetivos políticos y el calendario cayó en confusión. A través de darle mayor o menor duración en días a los meses intercalados, los pontífices podían prolongar el término de un magistrado o manipular las elecciones anuales y se puso poco cuidado en regular el año, hasta el tiempo de Julio Caesar, el equinoccio civil difería del astronómico por 3 meses, por lo que los meses de invierno estaban ubicados en el lugar de los de otoño y los otoñales en los de verano.

Para poner un final a estos desórdenes sucitados por la negligencia o ignorancia de los pontífices, Julio Caesar abolió el uso del año Lunar y el mes intercalado y reguló el año civíl enteramente por el Sol. Con el consejo y asistencia de Sosigenes, fijó la duración total del año en 365 días y un cuarto de días y declaró que cada 4 años debería tener 366 días y los demás sólo 365. Para poder restaurar el equinoccio vernal al 25 de Marzo, el lugar que ocupaba en tiempo de Numa, ordenó que dos meses extraordinarios fueran insertados entre Noviembre y Diciembre en ese año, el primero de 33 y el segundo de 34 días. El mes intercalado de 23 días cayó dentro del año en curso y así el antiguo año de 355 días recibió un aumenteo de 90 días; y el año en esa ocasión única de la historia contenía 445 días. Ese fue llamado el último año de la confusión. El primer año Juliano comenzó el 1ro de Enero del año 46 antes del nacimiento de Jesús, y el 708 desde la fundación de la ciudad.

En la distribución de los días a através de los dístintos meses, Caesar adoptó una medida más simple y cómoda respecto del arreglo que había prevalecido hasta la época. Ordenó que el primer, tercer, quinto, séptimo, noveno y décimo primer més, es decir, los meses impares, cada uno debería tener 31 días y los otros meses 30 días, a excepción de Febrero que en años comunes debería tener solo 29 días y sólo cada 4 años 30.
Esta orden fue interrumpida para gratificar la vanidad de Augustus, al darle al mes que llevaba se nombre (Agosto), tantos días como el de Julius Caesar (Julio), el primero de los Caesar. Un día era tomado de Febrero y dado a Agosto; y para que tres meses de 31 días no estuvieran juntos, Septiembre y Noviembre se redujeron a 30 días y 31 fueron dados a Octubre y Diciembre.
Por tál frívola razón es que la regulación del calendario de Caesar fue abandonado y un arreglo caprichoso se introdujo, lo que requiere algo de atención para recordar.

El día adicional que sucedía cada 4 años fue dado a Febrero, por ser el mes más corto, y se insertó en el calendario entre el día 24 y 25. Teniendo Febrero 29 días, el 25 fue el 6to de los calendas de Marzo, sexto calendas; el precedente, que era el día intercalado o adicional, se lo llamó bis-sexto calendas, de aquí el término bisextil o bisiesto que es se usa para distinguir los años de 366 días. En el calendario moderno el día intercalado sigue siendo agregado al mes de Febrero pero, sin embargo, no entre el 24 y 25 sino sólo como el 29.
...

Aunque el método Juliano de intercalar días es quizás el más conveniente que pudo ser adoptado, pues supone un año más largo en 11 minutos 14 segundos, no pudo responder por mucho tiempo sin una corrección, al propósito por el que fue concebido, a saber, preservar siempre el mismo intervalo de tiempo entre el inicio del año y el equinoccio.
Sosigenes falló vagamente en saber que ese año era demasiado largo y que había sido probado antes por las observaciones de Hipparcus en el 125 a.C., que el exceso de 365 y 1/4 de días por sobre el verdadero año solar, se acumularía hasta un día entero luego de 300 años. El verdadero error es, de hecho, más que el doble y suma un día en sólo 128 años, pero para el tiempo de Caesar la longitud del año era un elemento astronómico no muy bien determinado.
En el curso de varios siglos, sin embargo, el equinoccio retrograda sensiblemente hacia el inicio del año. Cuando el calendario Juliano se introdujo, el equinoccio caía el 25 de Marzo. Para el tiempo del concilio de Nicea, que se sostuvo en el 325, el equinoccio caía el 21 de Marzo.

El calendario Juliano fue adoptado naturalmente por el sucesor del Imperio Romano, la Europa Cristiana, con el papado a la cabeza. Para el 700 d.C. se había implantado el contar los años a partir del nacimiento de Jesús, corregido luego por Johannes Kepler al año 4 a.C.. Pero el equinoccio seguía resbalándose hacia atrás en el calendario un día entero cada 130 años. Para el 1500, el equinoccio vernal caía entre el 10 y 11 de Marzo y el equinoccio de Otoño entre el 13 y 14 de Septiembre (hemisferio norte), y la situación se estaba tornando cada vez más un escándalo. La fecha más importante en el calendario cristiano era la pascua, cuando el sufrimiento, muerte y resurreción de Jesús son conmemorados. En el Nuevo Testamento encontramos que la crucifixión de Jesús ocurrió en la semana de la Pascua Judía o de Seder, en que se conmemora el exodo de Egipto. En el calendario judío, el Seder era celebrado en la Luna Llena del primer mes (Nissan) de la primavera. Al desarrollar su propio calendario, siglo IV de nuestra Era, los cristianos pusieron la Pascua para el primer Domingo después de la primer Luna Llena luego del equinoccio de Primavera. Si el equinoccio estaba mal calculado en su fecha, entonces la Pascua era celebrada en una fecha equivocada. La mayoría de otros eventos cristianos, como la fecha de Pentecostal, se cuentan a partir de la fecha de la Pascua. Un error en el equinoccio representaba numerosos errores en todo el calendario religioso y algo debía hacerse para corregir eso.
Luego de la unificación del papado en Roma, en el siglo XVI, los Papas empezaron a considerar una reforma del calendario. Luego de varios intentos fallidos, una comisión bajo el liderazgo del Jesuita matemático y astrónomo Christoph Clavius (1537-1612), finalmente tuvo éxito. Se instituyeron varios cambios técnicos relacionados con el cálculo de la Pascua, pero el cambio principal fue simple. En 1582, el Papa Gregorio XIII (de allí el nombre del actual calendario) ordenó que se sacaran 10 días al mes de Octubre, restaurando así el equinoccio vernal a una fecha promedio del 20 de Marzo, cerca de lo que había sido para la fecha del Conciclio de Nicea.
Para poder corregir la perdida de un día cada 130 años, el nuevo calendario eliminó 3 años bisiestos cada 400 años. De aquí resultó que los años coincidentes con cambios de siglo eran bisiestos únicamente si son divisibles por 400. El año 1600 y 2000 son bisiestos, pero 1700, 1800 y 1900 no lo son.

El nuevo calendario, aunque controversial entre astrónomos técnicos, fue promulgado por Roma y adoptado inmediatamente en los países católicos. Los países protestantes se plegaron más lentamente a este cambio. Las regiones Protestantes de Alemania y el norte de Holanda adoptaron el calendario decadas más tarde. Los Ingleses, siempre sospechando de Roma durante ese período, conservaron el calendario Juliano. Más tarde, mientras otros iniciaban el año nuevo de manera uniforme el 1ro de Enero, los Ingleses lo hacían el 25 de Marzo (una vieja costumbre). Ahora, por ejemplo, la fecha 11 de Febrero de 1672 en Inglaterra era el 21 de Febrero de 1673 para el continente. Luego del 1700 en el que el calendario Juliano tenía un año bisiesto pero el Gregoriano no, la diferencia era de 11 días. Los Ingleses y sus colonias americanas, finalmente adoptaron el Calendario Gregoriano a mediados del siglo 18. George Washington nació el 11 de Febrero en el calendario Juliano, pero se celebra su cumpleaños el 22 de Febrero del Gregoriano.

Es importante destacar que el calendario Gregoriano es inútil para la astronomía porque tiene un hiato de 10 días. Para el propósito de calcular fechas en el pasado, los astrónomos usan el calendario Juliano.

Actualmente sigue la controversia sobre la fecha real en la que nos encontramos. Este tema toma mayor importancia a la hora de interpretar las profecías antiguas como las de Nostradamus, Edgar Cayce, La Biblia, etc. Lo que no puedo dejar de notar es que la actual civilización y cultura se inició hace 2000 años con el nacimiento de Jesús y que el centro del conflicto de entonces era el Medio Oriente; Israel antiguo, Iraq, Iran, Siria, Palestina, etc. y que nuevamente sobre el umbral del nuevo milenio este conflicto ha cobrado enorme fuerza.
Todo círculo se cierra sobre sí mismo verdad?

2 comentarios:

Latente! dijo...

prometo leerte con tiempo. es interesante como siempre. mandame reiki!!!!!!!!! y arandanos!!!! jajajjaja

José Luis Restrepo dijo...

Sobre el calendario estuve estudiando mucho en las vispera del 2000, todo a proposito del efecto Y2K, al final concluimos a raiz de algo que escribió mi primo Rodrigo Echeverri que se trata solo de convencionalismos y que el boom del milenio se gestó para vender software. Lastima que esa polemica la llevamos via e.mail, porque no estaban en uso los blogs.
Existe hoy dia un movimiento para establecer universalmente un calendario maya que responde a los ciclos lunares y está mas acorde con los ciclos biológicos además de ser mas exacto.Sería una buena oprtunidad para las corporaciones que comercializan software