16 septiembre 2005

Recuperando el Sentido

Bueno, acá otra vez escribiendo en este blog que últimamente tuve algo descuidado. Pero es que los días pasan tan rápido y con tanta ocupación y trabajo que llego a la noche con pocas ganas de ponerme a escribir cosas que tal vez le interesan a pocos. Pero hoy es diferente porque después de mucho tiempo volví a sentir que mi trabajo es importante y tiene valor, cosa que había dejado de senetir ultimamente. Sucede que muchas de las personas que me consultan o se hacen una carta natal conmigo vienen por cuestiones sobre dinero, trabajo, salud o amor, cosa que no está mal porque son parte de la vida, pero mi sintonía vibra más en terrenos más trascendentes y profundos. Con esta declaración no estoy minimizando la importancia que esos aspectos de la vida tienen, solo que me inclino más a cuestiones que trascienden lo material o mundano, cuando veo que puedo incidir positivamaente en la vida de un semejante desde un lugar de brindar caminos alternativos y más abiertos sobre temas como la vida y la muerte, sobre nuestro propósito y pasaje tan corto sobre esta tierra, y ese fue el caso de hoy.
Vino a verme una jóven que perdió a su hermano en un accidente de tránsito en el camino de regreso del Cerro Catedral este invierno pasado. El accidente fue de lo más absurdo, como todos los accidentes, pero allí perdió la vida un jóven de 24 años, instructor de esquí y una persona (que conocía) llena de vida y de amor por los demás.
Provenientes de una familia con fuertes bases religiosas, con una moral que no se encuentra todos los días, le costaba a ella encontrar uan respuesta al por qué de lo sucedido y de alguna manera la puso en conflicto con sus creencias religiosas y la imagen de su Dios. ¿Cómo era posible que permitiera que algo así le sucediera a su hermano que era tan buena paersona? Sin encontrar respuestas en su iglesia y creencias religiosas acudió a mí por sugerencia de su marido que es cliente mío desde hace varios años. En primera instancia valoré mucho su coraje y apertura y se lo hice saber.
Considerando su trasfondo religioso fui muy cauto en los temas que toqué y en cómo se los explicaba, cosas y conceptos como el alma, la reencarnación, el karma, etc. Cosa que ella escuchó muy atentamente en el curso de las casi tres horas que duró la entrevista, salpicada de largos llantos desgarradores y desde lo más profundo de su corazón. Sentí una enorme pena mezclada de un sentimiento de gran amor hacia ella y puse mi mejor esfuerzo (por decir algo) en explicarle los porqués de la experiencia analizados desde su carta natal y la de su hermano recién fallecido, y a medida que avanzaba en mi explicación pude ver cómo su cara se iba iluminando, casi podría decir que sentí como la paz iba ganando lugar en su corazón abatido, podía verlo en sus ojos tras grandes lagrimas que brotaban de ellos. Sentí un incontenible impulso de abrazarla y mi pecho explotó en una comunión de almas que no puedo poner en palabras.
Creo sin lugar a dudas que fue una de las mejores cartas natales que he logrado interpretar en mi vida de astrólogo.
Una vez que se fue y expresó su gratitud, sentí que había retomado el curso y el propósito que me llevó a aceptar este trabajo en mi vida. Sentí que ella me había devuelto algo, que en nuestra interacción nos habíamos dado mutuamente algo precioso y no dejé que se fuera sin antes hacérselo saber.
La experiencia de esta tarde me hizo comprender cosas que me venían eludiendo por mucho tiempo y mi trabajo recuperó el sentido y se reavivó.
Más tarde, al anochecer, vino mi alumno de computación, un médico cirujano a quien enseño desde hace algunos meses. No sé por qué motivo, empecé la clase hablando del alma, de los campos energéticos y de la interacción entre las personas. El me observaba y escuchaba muy atento a mi verborragia, sin ninguna interrupción. De repente corté mi discurso cuando caí en la cuenta que mi trabajo con él era de enseñarle computación y no filosofar sobre la vida y sus misterios. Luego de un silencio algo incómodo, se acomodó en su silla y me dijo: Por favor, no pares, me interesa lo que me estas diciendo y quiero saber más sobre el tema. Yo le respondí con una sonrisa tímida y mi mente se puso en blanco. Allí fue cuando caí en la cuenta de que no estaba pensando lo que decía sino que mis palabras habían brotado de mi boca como torrente irrefrenable. No supe que más decir. Hice una pausa mientras miraba fijo al piso y trataba de ordenar mi mente y mis emociones. Allí me dí cuenta que la entrevista de la tarde por la carta natal me había afectado más de lo que pude darme cuenta. Respiré profundo, elevé mi vista hacia sus ojos y entendí que ya no había más que pudiera decir, que cualquier cosa que dijera sería solo una cortesía social y no quise seguir.
Retomé el mando sobre el mouse y me dispuse a empezar la clase de computación. El me miró algo desconcertado y supe que algo había sucedido. Terminamos la clase sobre el manejo de imágenes digitales, rotulados, etc. y grabamos en un cd las fotos de operaciones que tenía en su cámara digital. Antes de irse me miró y tras un silencio breve me dijo: -quizás no esté acá para aprender computación sino otras cosas de la vida, gracias.

3 comentarios:

Latente! dijo...

fantastico. la respuesta de tu alumno debría ser el titulo. abrazo amigo. besos.

Alex dijo...

Hola Latente, gracias por el comentario. Increíble el alumno no?
Un gran beso

Anónimo dijo...

Posiblemente muchos de los que te leemos sentimos lo mismo...aunque tú no lo sepas. Gracias por tu generosidad!