20 abril 2005

Y mi vida cambió...

Hace más de dos meses que vengo bajando y viendo películas con contenido gay. Se ha convertido en una especie de pasión últimamente y esto me llevó a sondear la red en busca de críticas de cine y sitios especializados en este género. Hollywood tiene su propia directiva sobre este tema y la mayoría de las películas que salen comercialmente dejan mucho que desear y no salen de temas trillados y obvios con fuertes estereotipos y cliches aburridos. Pero entre la gran cantidad de películas sin valor o contenido encontré una cuantas que decidí conservar y grabar en CD.
Esta noche acabo de ver The 24th Day. Verdaderamente una joya pese a no haber sido una película con gran difusión y no haber recaudado lo esperado. Seguramente estoy siendo indulgente y subjetivo en mi análisis porque me toca muy de cerca, pero es una película que recomiendo a cualquiera que sea o nó gay. Las actuaciones de James Marsden y Scott Speedman son sumamente creíbles.
De todos modos no es mi interés hacer una crítica de este film porque no estoy calificado, sino contar qué disparó en mí.

Lo que sigue es mi historia de cómo me enteré que era portador, las circunstancias que jugaron y los interrogantes que despertaron.

Era finales de 1992 y ya estaba aburrido de Bariloche y su chatura de entonces en cuanto a vida gay y la posibilidad de encontrar una pareja estable. Mi trabajo reciente había sido subgerente de un hotel muy conocido, El Casco. No fuí contratado para esa posición sino como recepcionista raso. Las circunstancias y mi habilidad me llevaron a ascender y lograr esa posición, pero ese no es el caso, sino que allí empezó todo. Yo hace un tiempo que estudiaba astrología por mi cuenta y ya estaba trabajando como astrólogo pero más como entretenimiento que otra cosa. El gerente del hotel fue trasladado y quedó el puesto vacante, pensé que me lo darían pero no fué así, pusieron a un idiota palanqueado que no tenía la más mínima idea de manejo de un hotel de esa categoría. Mi rabia y decepción fueron grandes y por eso renuncié y me asocié con un nuevo amigo en el manejo de su hostería. Las cosas no fueron lo que esperaba y decidí irme a Buenos Aires a expandir mi cartera de clientes como astrólogo. Me mudé a vivir con un amigo que era bailarían del Colón, Dante, y como yo mismo había estudiado danza en ese teatro años atrás, me sentía en mi lugar. En fin, la cosa es que tratando de abrirme camino como astrólogo en el mundo de Buenos Aires, conocí mucha gente influyente y fuí creciendo en pocos meses, pero mi vida personal estaba vacía de significado afectivo. Ahora puedo ver que fue un tiempo de mucha confusión y actitudes autodestructivas. Salidas todas las noches a discotecas o bares gay en busca de sentirme entre mis pares pero eso no me llenaba tampoco. Era amigo de los dueños de Contramano y eso me hacía sentir bien, por lo que iba casi todas las noches. Una noche de Febrero de 1993 se me cruzó un muchacho muy lindo y charla va charla viene, terminamos en su departamento. El acababa de llegar de Nueva York en un viaje de vacaciones y ni bien dejó sus valijas fue a Contramano. La cosa es que pasé la noche con él y me sentí profundamente unido y contenido. Por dentro sentí que había encontrado al amor de mi vida, mi corazón daba saltos de felicidad y excitación y me costaba contener la alegría que sentía. Permanecimos encerrados haciendo el amor y comiendo y viendo cine durante casi 4 días sin salir más que para alquilar más películas y comprar comida de rotisería. Imagié que mi amigo de apartamento, Dante, estaría preocupado por mi ausencia y regresé. No cabía en mi cuerpo cuando le hablaba de Claudio. Dante solo me miraba y sonreía pero podía sentir algo de incredulidad de su parte ante mis relatos.
Un par de semanas pasaron y mi viaje a Buenos Aires había dejado de ser temporal para empezar a convertirse en un proyecto de vida. Claudio estaba tan enganchado conmigo como yo lo estaba de él y me propuso mudarnos juntos. El vivía con su hermano gemelo en Belgrano y vencía su alquiler en menos de un mes. La cosa es que empezamos a buscar apartamento para mudarnos juntos y así lo hicimos. El no se sentía muy seguro de mis ingresos y me pidió que buscara un trabajo más estable y eso hice. Nos mudamos a un departamento muy chico en el barrio Montserrat, cerca de Constitución. Su padre, a quien no conocía y era un ex-militar, salió de garante. Corría el mes de Mayo cuando nos mudamos.

Ya hacía unas semanas que vivíamos juntos, todo había sido tan volcánico y repentino y nuestra pasión nos consumía. Estabamos totalmente perdidos y enamorado el uno de otro.
Una noche Claudio llegó a casa sintiendose mal, mareado y sin fuerzas que no quiso cenar. Yo era el que cocinaba en casa y el disfrutaba de mis manúes. Es noche no comió y se acostó temprano. Yo lo seguí y nos dormimos.
Claudío era la primera vez que estaba en pareja y conviviendo con alguien, era totalmente nuevo para él y siempre hablábamos del tema VIH porque le tenía pánico al asunto y el solo hecho de mencionar la palabra lo ponía tan nervioso que se ponía a tartamudear.
Esa noche nos dormimos después de unos masajes que le hice y cerca de las 5 de la mañana me despierto por la luz del cuarto que se enciende y lo veo a Claudio parado bajo el humbral de la puerta bañado en algo rojo que recorría su pecho. Salté de la cama y me le acerqué. Me siento mal me dijo, acabo de vomitar en el baño y salió todo rojo. Yo había cocinado una ensalada de remolachas como guarnición y le dije que seguramente sería eso pero me dí cuenta, no sé cómo, que non eran las remolachas. Entré al baño y los azulejos blancos estaban teñidos de rojo, el piso, su cuerpo. Algo andaba mal.
Traté de calmarlo y fue imposible hasta que cayó al suelo desvanecido. Había vomitado sangre, Claudio tenía una hemorragia interna. Era el 25 de Mayo de 1993.
Lo recosté en la cama y me puse a limpiar la sangre que había en el baño mientras le hablaba para mantenerlo despierto, corriendo entre el baño y el cuarto donde lo hbaía recostado.
Es sangre no? me preguntaba. Nó, es la remolacha, le decía para tranquilizarlo. Él tenía razón, era sangre. Yo no sabía qué le estaba pasando y pensé que moriría allí, frente a mis ojos a menos de tres meses de conocerlo.

Llamé a una ambulancia del policlínico del docente, donde él aportaba y me aseguraron que en menos de media hora llegaría. Pasaron 3 horas antes de llegar la ambulandia con los paramédicos. Para colmo, cuando llegaron no tenían cinta para sujetar la aguja intravenosa que le pusieron en la mano y cuando conseguimos de una vecina y pudieron bajarlo a la ambulancia, la Trafic no arrancaba y hubo que empujarla. Todo fue tan rápido que el tiempo se hizo eterno.

Llegamos al policlínico del docente y al entrar la enfermera de recepción me preguntó si había sido baleado por los coágulos que Claudio tenía sobre el buzo que le había puesto.
Entró en emergencias y los médicos corrían de un lado para otro y yo sin saber qué hacer y con mil preguntas en mi cabeza. No conocía a sus padres que vivían en Mar del Plata y a su hermano no sabía como localizarlo. Todo fué muy rápido.
Ví como entraban tubos de oxígeno a la pequeña sala donde lo tenían y detrás un enfermero con un equipo de electroshock para reanimarlo. El corazón de Claudio había dejado de latir.
Intercepté a un médico y mientras corría a su lado le pregunté qué pasaba y él dio, tratamos de reanimarlo, qué pasó. Le relaté lo sucedido mientras me bombardeaba con preguntas sobre sus hábitos, antecedentes médicos y esas cosas. Yo estaba en blanco, no tenía respuestas, acababa de conocerlo. Finalmente lograron reanimarlo y lo trasladaron a terapia intensiva para hacer estudios y radiografías y esas cosas. Yo esperé afuera por horas sin tener ninguna respuesta de nadie ni saber lo que estaba pasando.

Se abrió la puerta de terapia intensiva y salió un par de camilleros con una camilla y un cuerpo cubierto por una sabana que encaminaban hacia el ascensor. Sin dudarlo corrí y levanté la sábana para esperar ver la cara de Claudio; no era él. Respiré con alivio y balbucié unas preguntas incoherentes. Tranquilo pibe, me respondió uno de ellos, tu amigo esta estable pero grave, perdió mucha sangre.

Al cabo de un tiempo salió un médico de guardia y me interrogó. Dijo que necesitaban donantes de sangre lo antes posible. Me puse en marcha y contacté por teléfono a compañeros de trabajo y amigos y me ofrecí yo mismo para donar porque soy cero negativo, donante universal.

Habían pasado varias horas desde que Claudio fue internado y yo me sentía desfallecer de cansandio y tensión nerviosa. Dormité un tiempo en una banca en la sala de espera de terapia intensiva. Me despertó un médico, cubano, quien me pidió más datos y me dijoq ue fuera a hemoterapia en el subsuelo para donar sangre. Así lo hice.
Miraba como fluía mi sangre por el conducto hacia la bolsa y empecé a sentirme mareado. Necesitaba comer y decansar. Dormité lo que pude en la sala de espera y cuando tuve noticias de que estaba estable, me fuí a una confitería sobre Callao y Corrientes para comer algo. Regresé al departamento y terminé de acomodar y limpiar el lugar, junté algo de ropa para levarle a Claudio junto con sus papeles personales y otras cosas. Llamé a su hermano por teléfono y lo puse al tanto de la situación. No lo conocía personalmente y eso me ponía nervioso porque nadie sabía que Claudio era gay ni la relación que mantenía conmigo.
Al día siguiente conocería al hermano de Claudio. Dormité un rato antes de irme al policlínico a ver cómo seguían las cosas.
Eran cerca de las 10 de la mañana del día siguiente cuando llegué. Me dirigí a la sala de terapia intensiva y busqué a uno de los médicos del día anterior pero no encontré a ninguno, en cambio, una enfermera se me acercó y me pregutó si yo era el amigo del paciente que había ingresasdo el día anterior con hemorragias. Respondí que sí. Mirá, dijo, tenés que ver al médico de hemoterapia lo antes posible. Asentí con la cabeza y bajé a buscarlo. Golpié la puerta del lugar donde me habían sacado sangre y al cabo de unos minutos me recibió una asistente. Sentate, me dijo amable, el doctor ya viene, necesita hablar con vos. Me puse nervioso, intuía que algo andaba mal pero no sabía qué. está mi amigo bien? pregunté. Si, él está mejor me dijo, pero esperá acá. Eso hice. Pasó más de media hora hasta que me hizo pasar a otra mini oficina donde me esperaba el médico encargado de hemoterapia. Me senté frente a un escritorio de metal y él hizo lo propio. Empezó a haerme preguntas sobre mi vida sexual y sospeché que algo andaba mal, respondí a todas sus preguntas con la mayor sinceridad posible.
Tu sangre no sirve, descargó crípticamente. Cómo que no sirve, soy donante universal, le respondí ingenuo. Mirá, el análisis de Elisa dió positivo, sos seropositivo.
¿Qué? No, imposible, no puede ser, hay un error.
No hay error, lo siento, de todos modos vamos a repetirlo para tener una confirmación, pero el resultado dio positivo.
Me tomaron una nueva muestra de sangre y me mandó a verlo a su consultorio privado frente al Hospital Español al día siguiente. Eso hice pero nada había cambiado, el resultado era el mismo.
Mi primera reacción fué la negación, buscar excusas, pretextos... el estrés vivído, el cansancio, la mala alimentación de los últimos días... eran excusas infantiles!

Salí de allí y tomé un taxi un sábado por la mañana. A dónde? preguntó el taxista. Por ahí, da vueltas por la ciudad, necesito pasear un rato, le dije. Lo vi mirarme sorprendido por el retrovisor para después posar la vista en la avenida que se abría paso frente a nosotros.
Claudio nunca se contagió y su hemorragia había tenido otras causas. Estuvimos casi 5 años juntos después de ese episodio y todavía mantenemos contacto. Fueron 5 años de mucho crecimiento mutuo y mucho amor.
Nunca podré saber cómo ni cuándo me contagié. Siempre pensé haber tenido sexo seguro y cuidarme en mis realciones.
The 24th day despertó muchos interrogantes y recordé esto que quise compartir con ustedes.

8 comentarios:

Juan David dijo...

me encanta tu blog y me gusta como escribes.

danubia dijo...

Entre mas leia mas se me iban llenando los ojos de lagrimas, no por lastima, por el amor que sentiste, por el puto sida que mata gente sin importarle nada, por el amor que aun no conoci, por mi hija que crece y no se si yo la pueda un dia cuidar de tantas cosas que le pasaran... si, ya, ya la corto, te dejo un beso y un abrazo

JOSE LUIS dijo...

De verdad es una historia apasionante, digna de ser contada. Las vivencias que compartes quedarán en la memoria de las personas con quien las compartiste y toda esa energia que ellas contienen alimentan eu espíritu que se está perpetuando en los otros. Te lo digo porque reconforta saber que esres un ser con gran tendencia hacia lo espiritual, por algo estás aquí y en este tiempo. Sigue dejando huella con tus escritos.
SALUDOS

Alex dijo...

Danubia y José Luis, muchas gracias por sus comentarios, me hace muy bien sentir el apoyo de Uds. y me alienta a seguir compartiendo mis historias de vida con ustedes.
Un gran beso.

Pandora dijo...

Hola Alex!!
Es la primera vez que entro a tu blog, y vaya agradable sorpresa que me he llevado!!
Me ha gustado mucho la forma en que escribes, este es el primer escrito tuyo que leo, y sinceramente te digo que me ha removido muchas cosas, ya te hablaré de eso.
Ahora me dedicaré a leer lo más que pueda en tu blog, para conocerte mejor...
Te envío un fuerte y solidario abrazo desde México, ya tendrás noticias mías.

Alex dijo...

Hola Pandora y muchas gracias por tu visita y en especial tu solidario abrazo mexicano ;)
Espero que disfrutes de tu lectura y te mando un beso grande desde Bariloche.

Polo Sur dijo...

hola kerido! como estas? che, me gustò mucho este post. ando medio desaparecido del mìo, pero leo los de los amiblogs.

te mando un abrazo grande y espero ke estès bien :)

La Lobita dijo...

Tremendo.

Mis respetos Alex y gracias por compartir tu historia.

Dime una cosa, ¿qué hace exactamente un astrólogo en estos tiempos? ¿Vives de eso? ¿Cómo?
Me parece fascinante y de otro siglo.

Beso desde Lima,

:)