27 marzo 2005

Varias cosas

Hoy es Domingo de Pascuas y varios recuerdos vinieron a mi mente. Uno de ellos es la muerte de un empleador y amigo que tuve por allá a mediados de los 80. Trabajaba en aquél entonces como cuidador de la fauna salvaje de una reserva privada de animales autóctonos. Mis preferidos eran los pumas, de los que llegué a tener más de 13, en su mayoría descendencia del cazal inicial, Brenda y Tarzán. Hacía casi un año que había llegado a Bariloche y mientras trabajaba a donorem para un semanario local haciendo entrevistas y esas cosas, conocí a Francis Bach, un hombre que había amazado sus millones trayendo la computación a la Argentina y manejando el sistema informático de la entonces Junta Nacional de Granos. Francis estaba construyendo Safariland. Un proyecto de 42 hectáreas de montaña donde albergar animales salvajes huérfanos para después liberarlos mientras en el interín el público podía visitarlos por el pago de una entrada. El proyecto era grande y a largo plazo. Me entusiasmó la idea y me puse a trabajar para él. Con el correr del tiempo fui ganando experiencia y su confianza hasta hacerme su mano derecha y su amigo. Fué en semana santa del 85 que se abrió por primera véz al público, aunque aún estaba sin terminar. Un año más tarde le diagnosticaron cancer a Francis y estaba muy mal. Muchas cosas sucedieron en el interín, pero un día, visitando a Francis en su casa junto a su mujer, tuvo un paro respiratorio y cardíaco del que logré sacarlo y con la ayuda de su mayordomo lo montamos al auto rumbo a la clínica. Murió en mis brazos en el camino. Quedé desvastado con su pérdida.
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Leyendo el Blog de Latente recordé mi infancia y la búsqueda de huevos de pascua en el jardín de mi casa en Carlos Paz, mi lugar natal. Era excitante salir temprano en pijamas a buscar los huevos de chocolate que mis padres escondían bajo los árboles, en los canteros, ocultos tras piedras y cosas por el estilo. El jardín era grande y con árboles frondosos. Trepar a los árboles para encontrar alguno que otro en alguna de las ramas bajas, era todo una fiesta.
Recuerdo a mi padre abrazando a mi madre y sonrientes mientras sus 4 hijos llenabamos de alboroto y algarabía el lugar. Cuando los huevos del jardían habían sido descubiertos, la búsqueda seguía en el living de la casa y en la biblioteca. Bajo los pedales del piano de cola negro, detrás de los libros, entre los almohadones de los sillones, entre los leños del hogar...
Hoy la Pascua ha perdido toda la magia que tenía en mis años de infancia. El tiempo se ha llevado muchas cosas, pero mis recuerdos siguen frescos.
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Sonó el teléfono cerca del mediodía. Era mi hermana menor que nos invitaba a almorzar a mis padres y a mí en su casa. Como cada vez que dejo la casa, mi padre sacó el auto y lo dispuso de modo tal que me fuera fácil acceder a él con mi silla de ruedas. Observé sus maniobras desde la ventana de mi cuarto. Posé la vista sobre mi andador de aluminio reforzado. Hoy iré caminando, pensé.
Sorprendí a mi padre con la decisión y pude ver en su rostro una enorme sonrisa de felicidad, parecida a aquella que decoraba su rostro mientras buscabamos los huevos de chocolate. En mi andar tambaleante me le acerqué, lo abracé y le dí un beso en sus mejillas ya arrugadas y de piel suave. Felices pascuas papá -le dije mientras lo abrazaba.
Fuimos con el auto en silencio hasta la casa de mi hermana, a pocas cuadras de aquí. Bajé del auto y caminé un gran trecho hasta la puerta de entrada, bajando algunos escalones de escasa altura. Fue mi primer salida sin la silla de ruedas. Almorzamos todos juntos y en familia.

2 comentarios:

Latente! dijo...

Primero, felicitaciones por "el gran paso".

Segundo, Francis debe haber sido una persona maravillosa. Su legado continúa?

Tercero: los huevos de pascuas, lo más.

Cuarto: Felices Pascuas!!!!!!

Polo Sur dijo...

Kerido! siempre me hacés emocionar!

espero ke haya muchas pascuas sin sillas de ruedas para vos!

Bueno, lindo post.

Un abrazo!