13 diciembre 2004

Pensamiento y Salud

El tiempo pasó rápido y ya estamos a mediados de diciembre. Las últimas semanas estuve inmerso en la lectura y la investigación, posponiendo la larga lista de trabajos que todavía siguen pendientes y que pronto tendré que terminar para entregar a tiempo.

Mi interés en los pasados meses se centró en la salud y el pensamiento y en saber de qué manera nos vemos afectados por la clase de pesamientos y emociones que tenemos diariamente. La literatura disponible es ambplia sobre este respecto pero no encontraba nada que me explicara por qué los pensamientos afectan a nuestra salud y por eso me decidí a buscar profundamente sobre el tema. Las distintas filosofías orientales y también de la New Age sostienen que hay que tener una actitud positiva frente a la vida y sus circunstancias para mantener en buen estado el funcionamiento físico y esto no es una novedad. Louis Hay fue una de las primeras en escribir ampliamente sobre el tema en su serie de libros de autoayuda y pese a que fueron best sellers internacionales, no explicaba el mecanismo interno del cuerpo y el cerebro sobre qué sucede y por qué esto es así. Se sabe que hay distintos centros o vórtices de energía llamados chakras, que regulan la salud y que estan relacionados directamente con ella. Chakra es un vocablo sánscrito que quiere decir "rueda que gira" y efectivamente eso son. Los pensamientos y las emociones que sentimos según lo que pensamos y que determinan y condicionan nuestras actitudes frente a la vida, alteran el modo en que estos vórtices funcionan y su disposición. Cada chakra se correlaciona con una glandula de secreción endócrina que regula una serie de funciones corporales. Así, el quinto chakra corresponde a la glándula tiroides, el cuarto chakra con el timo, etc. Si cada chakra no recibe el flujo de energía necesario entonces se atrofia o entra en un estado de mal funcionamiento que no permite el deseado estado de buena salud sobre los organos que dicho chakra regula.
Sin embrago, cuando pensamos, se desencadena un torrente de actividad en nuestro cerebro, disparando la "sinapsis", la conexión entre las células nerviosas llamadas neuronas. Cada neurona posee ramificaciones como tentáculos (dendritas) que las conecta con otras semejantes para llevar a cabo la transmisión de los impulsos nerviosos o mensajes eléctricos en el cerebro que finalmente van a dar con el hipotálamo, el centro fundamental del cerebro. Cuando tenemos una serie de pensamientos repetitivos sobre algo en particular como la vida misma o nosotros y nuestro lugar en el mundo, estas conexiones hacen que se fortalezcan esos tentáculos favoreciendo así una ruta de conexión neuronal por sobre otras hasta que finalmente se bloquean otas posibilidades de conexión y por ende limitamos nuestro pensar y con ello nuestras actitudes. Cada uno de estos mensajes dan señales al hipotálamo que al recibirlos produce unas substancias llamadas "peptidos" que se vuelcan sobre el torrente sanguineo cargados de información específica. Los péptidos son los constructores de proteínas en el organismo. Este conjunto de aminoácidos volcados al torrente sanguineo determinaran el estado de funcionamiento de cada órgano sobre el que inciden. Al mismo tiempo, las células tienen unos "dispositivos" que son los receptores de estos peptidos en los que se enganchan y transmiten la información que poseen diciéndole a cada célula qué es lo que debe hacer.
El conjunto de emanaciones bioquímicas que segrega el hipotálamo son las que determinan cómo nos vamos a sentir, es decir, determinan nuestro estado emocional de acuerdo al tipo de pensamiento que las originó. Si por ejemplo, tenemos pensamientos sexuales aunque sean fantasías, el hipotálamo segregará el tipo de "productos" necesarios para poner en funcionamiento una serie de respuestas en el organismo y así prepararnos para un encuentro sexual. Se agita la respiración, transpiran las manos, se eleva la presión sanguínea y hay mayor flujo de sangre hacia los órganos sexuales, etc.
Cada reacción bioquímica en nuestro organismo produce a su vez una serie de subproductos de desecho, las llamadas "toxinas", que son eliminadas de modo natural por el cuerpo al cabo de un tiempo. Si siempre mantenemos un tipo de pensamiento es de suponer que almacenaremos mayor cantidad de toxinas asociadas a las reacciones bioquímicas generadas y el cuerpo tendrá más trabajo en eliminarlas.

Por otra parte, si mantenemos un conjunto de pensamientos determinados a lo largo del tiempo, aunque estos sean (y lo son) mayormente subconscientes, el hipotálamo segregará un conjunto determinado de peptidos al torrente sanguineo y por ende las células se hacen más receptivas a dichos químicos y favorecen el desarollo de esos enganches o receptores en su superficie de los que hablaba anteriormente. Al momento de la división celular, las nuevas células crecen "sin" otro tipo de receptores por lo que ya no son capaces de asimilar otros elemenetos importantes para el buen funcionamiento del organismo como pueden ser el calcio, grupos específicos de proteínas, aminoácidos, etc. y nuestro cuerpo empieza a deteriorarse y finalmente enferma.

De esta manera nuestros pensamientos van creando y formando el tipo de cuerpo que tenemos e incluso nuestro estado de salud. Corregir y cambiar nuestra manera de pensar es escencial para poder mantener un estado de salud equilibrado y un buen funcionamiento.
Los shoks emocionales vividos por circunstancias de la vida como la muerte de un ser querido, un accidente o la pérdida de un empleo o un divorcio, afectan profundamente a nuestro laboratorio interior y por ello las técnicas de sanación o terapia ayudan a deshacernos de patrones de pensaminto antes de que tengan un impacto permanente en nuestras vidas.

Si conscientemente pudieramos lograr un manejo equilibrado y un control saludable sobre nuestras emociones, gozariamos de un mejor estado de salud. Las distintas técnicas espirituales apuntan a ello. La meditación ayuda a mantener en equilibrio nuestras ondas cerebrales y por consiguiente una mejor sinapsis neuronal que finalmente incrementa la capacidad de nuestro sistema inmunológico para combatir agentes patógenos en nuestro organismo y nos autocuramos.
Al sentirnos bien y saludables tendemos a generar pensamientos positivos y armónicos frente a los diversos sucesos de la vida lo que en retorno nos hace sentir incluso mejor y así sucecivamente, creando un cíclo que se retroalimenta a sí mismo. Lo mismo es válido en sentido inverso. Si albergamos pensamientos negativos o pesimistas o de odio y temor y resentimiento ante las circunstancias de la vida, enfermamos y nos sentimos mal y ello incrementará la tendencia a percibir la vida negativamente con lo que se refuerzan los pensamientos y emociones negativas.

Creo que en manos de cada uno está poder decidir el camino adecuado, al fin de cuentas, todos buscamos la felicidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias!!! muy útil la información. Gina