22 octubre 2004

A la Vida

Sinuosa felina negra
que acercaste hasta mis labios resecos de tanta sed,
la frescura de tu vaso;

Cuántas noches bebi de él,
a sorbos cortos, despacio...
para avivar el deseo, para hacer el goce largo...

Cuántas noches me obillé entre tus brazos
así como el ave se refugia entre las ramas de un árbol.

De infinitas noches sin término,
de aquellos silencios largos,
quedó en tu cuerpo la marca de mil besos como tájos,
y en tus labios, la mancilla de no haber sido besdos.

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